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Vivir bien

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Anoche una de las últimas cosas que hice fue consolar a mi hija mediana, que lloraba amargamente. «No puedo vivir sin Musically (para quien tenga la suerte de no saber qué es, se trata de una red social que causa furor sobre todo entre las niñas). Todas mis amigas lo tienen y yo no».

La besé, la abracé y la dejé con su amargura preadolescente. Podía haberle dado más coba, pero anoche decidí no hacerlo.

Esta mañana una de las primeras cosas que he hecho en mi trabajo ha sido trabajar en una entrevista a una misionera jovencísima que está en España con ocasión de la campaña del DOMUND, pero que desde hace tiempo vive en Etiopía.

No he podido evitar pensar en mi hija al oír a Belén explicar cómo le apena cuando viene a España ver lo enganchados que estamos a las pantallas o al trabajo. He pensado en mis hijos y en mí misma, en nosotros, que sin duda podríamos ser más ejemplares hablando de autocontrol.
Allí, en medio del desierto, privándose de un montón de cosas que la mayoría de los mortales creemos necesitar para vivir, esta periodista madrileña ha encontrado la felicidad con un estilo de vida que ella califica como «más auténtico». Algo que en su país de origen, con una familia, con amigos y con un trabajo interesante que le daba estabilidad económica, no encontró.
«El mundo está patas arriba», ha dicho. «Pues sí», he pensado yo que tengo claro que no sabemos vivir bien.
Teniéndolo todo, a menudo hace falta un revés para que reaccionemos y aprendamos a disfrutar de las pequeñas cosas, de cada minuto que pasamos con los nuestros. Para que decidamos decir «no» a las tareas inútiles y a las personas tóxicas y nos comprometamos en las batallas que sirven para hacer un mundo mejor.
En esto andaba mi cabeza, cuando ha empezado a sonar «Vivir», el tema que Rozalén interpreta con Estopa y que han presentado con ocasión del Día Mundial contra el Cáncer de Mama.
Pedazo de letra, de ritmo y de mensaje, con la que he vuelto a pensar en mi familia y en el motivo del último «mal rollo»: algo menor, evitable, una nimiedad. Qué pena que no sepamos vivir a tope. Qué pena que no sepamos darle a cada saludo o cada despedida un toque de calidez.
Tampoco es tan complicado.
Como en tantas cosas es una cuestión de voluntad, de entrenamiento y de dejarse contagiar por la vitalidad de esta canción o la valentía de Belén. @amparolatre
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