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Tomando nota de la tradición japonesa

© U.S. Army
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Suelo tener buen despertar. Pero ¿en qué casa con tres niños no hay estrés a las horas punta?

Hay días que logro mantener la calma, pero hoy no ha sido uno de ellos.
Cuando ya estaban los tres en el colegio y me dirigía a mi lugar de trabajo, a toro pasado pensaba, «habría evitado el grito si hubiera sabido obviar tal situación». Pero no es tan sencillo; tampoco tengo claro que haya que dejar pasar determinadas cosas.

Por otra parte, en momentos de tensión, prefiero «el gritito» a la bola en el estómago, que nunca sabemos por dónde, ni cuándo va a salir. Digamos que alzar la voz para mí nunca es el ideal, sino el mal menor.

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Con este «comecome» andaba yo cuando se ha cruzado en el escritorio de mi ordenador un artículo sobre los niños japonenes, esas personitas que crecen delicadas, sensibles y sin pataletas. Algo que aunque suene increíble, al parecer es real.
No he podido evitar dejar otras cosas a un lado y meterme de lleno en el artículo. Su gran secreto, al parecer, es una crianza basada en la sensibilidad. Y mucho me temo que cuando occidentales y japoneses hablamos de sensibilidad nos referimos a cosas bien distintas. Me ha encantado lo que la noticia explicaba sobre la relación entre distintas generaciones, en el seno de la familia:

«Algo que hace muy especiales a los japoneses es la relación que hay entre las distintas generaciones. Más que en otras partes del mundo, el vínculo entre los mayores y los más jóvenes es empático y afectuoso. Para ellos, un anciano es alguien lleno de sabiduría, que merece la mayor consideración.

 
A su vez, los ancianos ven en los niños y en los jóvenes a personas en formación. Por eso son tolerantes y cariñosos con ellos. Adoptan un papel orientativo, no de jueces ni el de inquisidores en sus vidas. Por eso, los vínculos entre jóvenes y viejos suelen ser muy armónicos.
 
Y es que los japoneses mantienen una gran valoración por la familia extensa. Pero al mismo tiempo, tienen bien fijados los límites. Por ejemplo, para ellos es inconcebible que los abuelos se hagan cargo de un niño, porque los padres no tienen tiempo. Los vínculos no se basan en un intercambio de favores, sino en una cosmovisión en la que cada uno tiene su propio lugar».
Bien por  los japoneses. Tomo nota de todo, como primer paso hacia una conversión en este sentido. Hoy por hoy me parece un ideal inalcanzable, pero para eso están los ideales, para saber en qué dirección caminar. @amparolatre
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