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Su primer musical

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He estado recordando mis años de musicales con los salesianos. Circunstancias de la vida me llevaron a colaborar con un centro juvenil durante un tiempo. Fueron unos años muy enriquecedores y de un trabajo intenso.

Subirme a un escenario nunca ha sido lo mío, pero lo bueno de las artes escénicas es que también hace falta maquillar, pintar decorados, ayudar a cambiarse de ropa en tiempo récord y transmitir seguridad entre bambalinas. Y allí encontré yo mi sitio. En «aquellos maravillosos años» descubrí cómo un musical puede ser la actividad perfecta para poner en marcha a un montón de jóvenes en torno a un proyecto. Los más manitas hacían el decorado, las más resueltas subían a escena, pero todos los años había sorpresas con chicos aparentemente más tímidos que se crecían detrás del Jorobado de Notre Dame o Bella.

Ayer mi hija mediana Irene descubrió -gracias a su colegio- el fabuloso mundo de los musicales. Por primera vez participó en uno: «Aladín». Para los padres fue una tarde de calor «insufrible»; el día se hizo largo, en nuestro caso llegamos tardísimo a casa y cenamos pizza y gazpacho de bote. Pero yo solo pensaba en lo importante que era para ella ese día, en el que además todos estábamos allí para verla, grabarla y aplaudirla. Era el fruto de todo un curso de trabajo y no podíamos faltar.

aladin
Ojalá la experiencia le haya metido el veneno en el cuerpo y quiera seguir con estas actividades el próximo curso. Y el otro y el otro, hasta que esté en esa edad en la que a lo mejor no le apetezca subir a bailar al escenario -o sí, ¿quién sabe?- pero pueda ocuparse de los más pequeños, vender entradas o hacer fotos durante la obra con una camiseta en la que pueda leerse «voluntaria». Me gustaría dar las gracias a todos esos chicos y chicas que dedicaron el domingo entero a hacer todo ese trabajo que no se ve, pero que es tan fundamental en un musical. Les vi curar las rodillas de más de un niño que se había caído, dar mimo y atender en el baño a una chica a la que se le había caído una muela. También para esto sirve un musical, para que niñas como Irene encuentren otro referente de joven, que dedique su tiempo de ocio a actividades que impliquen salir de sí mismo.
Al final del día Irene, que tiene una sensibilidad especial para la música y todo lo que tiene que ver con las distintas maneras de contar historias, nos dijo que le resultaba muy complicado explicar lo que había sentido al escuchar los aplausos y que al salir al escenario no podía dejar de sonreír. La felicidad en persona. @amparolatre
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