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Siempre en camino

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Me he cruzado con ellos esta mañana. Chicos y chicas de 17 y 18 años que se dirigían, acompañados por sus profesores a hacer el EBAU, el examen que les permitirá -o no- acceder a la carrera universitaria que desean.

Se oían risas, unos claramente querían llamar la atención, mientras los otros se hacían confidencias o miraban el móvil. Todo en medio de bastante ruido y ambiente festivo.

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Aunque sé, porque recuerdo perfectamente cómo me sentía yo a su edad, que la procesión va por dentro. No he podido evitar, en el momento en el que nos hemos cruzado con ellos, apretar fuertemente las manitas de mis hijas, a la de diez años y a la de cuatro, mientras pensaba para mis adentros, «a por todas chicos, sin miedo».

Me hubiera gustado decirles «pase lo que pase en el examen, seguid caminando; que los reveses solo sirvan para que sigáis peleando con más ganas por aquello que deseáis». La vocación es un camino abierto para todos, también para los adultos, que debemos continuar formándonos y dando pasos para seguir haciendo aquello que nos ayuda a realizarnos como personas. Un proceso en el que puede haber momentos más y menos gratificantes, con más o menos dudas, momentos de cambios y de nuevas decisiones que tomar.

Mis hijos no han llegado todavía a esta fase, pero el tema de la vocación ya es un asunto del que hablamos a menudo en casa. También lo trabajan en el colegio. De hecho hace tan solo unos días estuve en la clase de mi hijo mayor, de trece años, con otros padres hablando precisamente de estos temas.

A esta edad la mayoría no lo tiene claro, pero es bueno que vayan descubriendo qué cosas les gustan un poco y cuáles les apasionan. ¿Os imagináis cómo sería el mundo si todas las personas se dedicaran a aquello que les gusta?

Para responder a la cuestión vocacional también es importante conocerse a uno mismo, saber cuáles son nuestros puntos fuertes y débiles; tener claro qué valores queremos que guíen nuestra vida o descubrir qué necesidades sociales hay.

Creo que estos chicos tienen mucha suerte. No recuerdo en mi época tanta preocupación por dedicar tiempos y espacios a plantear la cuestión vocacional. Algo, que por otra parte es personal, intransferible y necesario para ser feliz. Me da cierta tranquilidad saber que acompañando a mis hijos en la toma de esta decisión mi marido y yo no estamos solos, porque en el colegio y en la familia habrá otras personas susurrándoles al oído que sueñen a lo grande. @amparolatre

 

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