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Si quieres, puedes

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«Si quieres, puedes» es el lema del vídeo realizado por «Hirukide», la Federación de Asociaciones de Familias Numerosas de Euskadi, que apela a la corresponsabilidad de los hombres en el hogar.

«¿Por qué a veces nos quedamos más tiempo del necesario en el trabajo o no salimos a nuestra hora?, ¿Por qué a veces no nos comprometemos del todo con las tareas del hogar o los quehaceres con nuestros hijos?» son preguntas que dirigen a los padres de familia, desde la federación.

Nos jugamos mucho con este asunto. No solo es mejor para la sociedad que padres y madres estén más comprometidos con la crianza, la educación y las tareas domésticas; también lo es para los niños -que aprenden de lo que ven-. Pero sobre todo, es crucial para la vida en pareja. No hay nada que enturbie más la convivencia que la sensación (o las evidencias) de que uno se deja la piel, mientras otro se sienta en el sofá. Nada rompe más la armonía que la sensación de no estar nunca a la altura o los dardos envenenados que nos lanzamos unos a otros cuando estamos cansados y las cosas están por hacer.

En una familia con niños la falta de implicación de alguno de los miembros (también de los hijos) no puede ser una opción. Sencillamente no puede ser, ni se debería consentir. Aunque a veces sea y se consienta.

Al final es una cuestión de voluntad personal; de querer, como dice el lema de esta campaña. Y afortunadamente cada vez vemos más ejemplos de padres que se parecen al del vídeo. Claro que sí, ¿por qué no? Y que además reivindican que no se les vea como seres extraordinarios, porque lo que hacen es lo normal. Es posible; lo sé por experiencia. Solo hay que querer y olvidarse del ombligo.

Nunca me ha gustado eso de dividir al 50% los quehaceres; eso me parecería ridículo, porque además es imposible. Hablo de compartir la misma actitud y asumir como propio todo lo que concierne a la familia.

Estaría genial disponer en la vida real de un programa de edición digital que añadiera una sonrisa en un momento concreto o quitara cansancio o egoísmo en otro. Y ya por pedir, sería mágico que cuando te enfrentas a la montaña de ropa por planchar empezara a sonar una banda sonora que te hiciera disfrutar de ese momento fatal, como si estuvieras en una discoteca. Pero no, no existe tal programa. Lo más parecido son campañas como ésta, que cuenta cómo serían las cosas si nos lo proponemos y que pueden ser una motivación.

Estoy convencida de que no es un ideal, y que se puede lograr; aunque debajo de muchos tejaditos, quede mucho camino por recorrer. Las personas que aprenden a decirse las cosas con delicadeza y que no renuncian a aprender lo que no saben tienen más posibilidades de conseguirlo que las que se ponen a la defensiva cada vez que sale a la luz una laguna o un defectillo. ¿Quién no los tiene? A los que tenemos vocación al matrimonio, la familia nos ofrece un sinfín de retos y posibilidades de crecimiento personal. Seamos más generosos, más comprometidos, más sufridos. Superemos inseguridades y estemos dispuestos a darlo todo. Aprovechemos la ocasión que la familia nos da para ser mejores. @amparolatre

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