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Ser duro

© LMAP
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Tengo ganas de llorar mucho rato. Estoy agotada de hacerme la dura. Nada me cansa más.

Y como uno de mis temores como bloguera es parecer demasiado «happy,» he decidido contaros que ha sido un día complicado, que también los tengo; a menudo, por cierto. Que haya decidido, por principios, no airear mis miserias no quiere decir que no las tenga (como todo hijo de vecino). Y que venga de fábrica formateada para ver siempre el vaso medio lleno, tampoco quiere decir que mi vida sea de color de rosa. Ahora bien, ni una cosa, ni otra me va a quitar ni la fe ni la sonrisa. Cuestión de principios y de entrenamiento.

Hoy no me he despertado a las 6.45 con el despertador del móvil. Ha sido Sara, un poco antes, que corría hacia el baño a vomitar. «¡Hoy nooooo!» Después de varios días con una preparación un poco incómoda, teníamos cita para hacerle una colonoscopia y por un momento he temido tener que cancelarlo todo.

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Todo estaba organizado para que la jornada transcurriera con calma a pesar de la cita médica, pero está claro que hay que estar preparado para improvisar. Hemos tenido que salir corriendo al hospital.

Al final han podido hacerle la prueba, pero por falta de previsión, de medios o yo qué sé qué tendremos que repetirla en tres semanas. No os cuento los detalles de la historia. El caso es que a primera hora de la tarde, al cansancio y la angustia de ver cómo duermen a tu niña mientras tú te haces la «guay» se ha sumado un cabreo monumental porque tal y como me han reconocido con la boca pequeña, «es una faena» tener que volver en tres semanas a repetir la prueba.

En la sanidad pública estarán todos los medios y los mejores profesionales, pero qué mal se gestionan los recursos.

Con toda esta densidad emocional, mi benjamina y yo nos hemos marchado a casa a enfrentarnos a la tarde, que también tenía su aquél.

Irene que toma la Primera Comunión en unos días, se confesaba hoy por primera vez. Así que he dejado a la pequeña en casa a buen recaudo y me he ido con la mediana y mi nudo en el estómago hacia la capilla del colegio.

Y he seguido haciéndome la dura, porque el de esta tarde es uno de los momentos emocionantes cuando tienes niños pequeños y a mí no me va mucho lo de soltar lágrimas en público. He sido un poco boba ya que podía haberme relajado igual que otros padres que no han podido evitar soltar la lagrimilla. Pero no he sabido hacerlo, qué le vamos a hacer.

En fin que ya estoy en casa y que como ya están todos dormidos he decidido utilizar el post de hoy para poner por orden todo lo que arrastro dentro desde que comenzó el día y ahorrarme así un dinerillo en terapia, que llega el buen tiempo y prefiero tomarme unas cañas con las amigas. @amparolatre

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