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Saturada

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Hay días que acabo saturada de niños y eso me deja un poso de amargura del que me resulta complicado desprenderme.

Durante la semana, mientras estoy trabajando me acuerdo de ellos y estoy deseando que lleguen las cinco de la tarde para saber cómo les ha ido la jornada o que ya sea viernes para poder hacer algo juntos. Sin embargo,  cuando llega el ansiado momento , una contestación subida de tono, las exigencias propias de estos niños que lo tienen todo o varios «mamáaaa» encadenados hacen que rápidamente me invada la sensación de hartazgo.

Son momentos en los que necesitaría silencio o soledad, pero eso con tres niños es poco menos que imposible.
Ayer a última hora del día mis hijos me reprochaban mi mal humor y no les faltaba razón. Pero lo peor es que también yo me lo echaba en cara. En estos casos debería ser un poco más comprensiva conmigo misma -que llevaba toda la tarde estudiando Historia con mi hija mediana, además de otras muchas cosas- y con mis hijos, que a pesar de sus salidas egoístas (también las tenía yo a su edad) y de sus clásicas discusiones de hermanos son niños muy ricos y con muy buen fondo.
En relación a la maternidad jamás diría que estoy «quemada», pero tengo muchos momentos en los que me siento «saturada». Es fantástico cuando al lado tienes un compañero de camino que puede ocuparse de todo media hora para que tú puedas ir a dar la vuelta a la manzana o a comprar una barra de pan, en silencio, a solas. Eso es lo que ha sucedido hoy y era justo lo que necesitaba para cargar un poco las pilas y volver a casa con energía suficiente como para darle un empujón a la decoración navideña. @amparolatre
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