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Reflexión de fin de año

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Parece que el último día del año invita a echar la vista atrás y revisar cómo hemos hecho las cosas en los últimos meses. A mí al menos me sucede así.

Pero hoy, más que identificar todos esos pasos hacia adelante que hemos ido dando, me apetece hacerme preguntas.

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¿He sabido querer bien a los míos? Esta es sin duda, la que más me importa. Se da por supuesto que queremos a los nuestros, pero tantas veces queremos mal…

¿He sabido renunciar a mis caprichos o prioridades para atender mejor a los que tengo alrededor? Hablamos mucho de las pataletas de los niños pequeños, pero qué pasa con las pataletas de los mayores. Se nos supone la madurez, pero con frecuencia nos sale el niño que llevamos dentro y no precisamente con accesos de ternura o inocencia, sino de pataleta absurda e incomprensible.

¿He sabido estar atenta a las necesidades de mis vecinos, amigos y demás personas con las que me encuentro a diario? Esto es algo que vi en mis padres y que ellos supieron transmitirme, pero qué duda cabe que siempre es más lo que podemos hacer. Y en este punto me preocupan, no tanto las personas que tengo cerca, cuyas dificultades o urgencias voy conociendo y en la medida de lo posible intento estar al quite. Me agobian los grandes dramas que suceden mientras escribo este post y que seguimos en la distancia con una frialdad pasmosa. Me pregunto qué podemos hacer como familia.

¿Me he cuidado bien yo? Esta pregunta es obligada para las madres, que a menudo pensamos que olvidándonos de nosotras mismas somos mejores madres o esposas. Y nada más lejos de la realidad. Solo si nos cuidamos y exigimos que se nos quiera como merecemos, podremos dar lo mejor de nosotras.

Para darle vueltas a estas preguntas, este fin de año, he escogido la oración de la serenidad de Reinhold Niebuhr. La primera frase la pienso en silencio muchas mañanas para afrontar mi día.

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

Viviendo día a día;

disfrutando de cada momento;

sobrellevando las privaciones como un camino hacia la paz;

aceptando este mundo impuro tal cual es

y no como yo creo que debería ser,

tal y como hizo Jesús en la tierra:

así, confiando en que obrarás siempre el bien;

así, entregándome a Tu voluntad,

podré ser razonablemente feliz en esta vida

y alcanzar la felicidad suprema a Tu lado en la próxima.

Amén.

¡Feliz 2017 a todos! @amparolatre

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