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Preguntas

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No hay cosa que motive más a «mis mayores» que ayudar a su hermana pequeña. Da igual que se trate de algo del colegio, de cualquier actividad con la que tenga dificultad o simplemente de darle la vuelta a unos «malos humos» repentinos.

Y yo, del mismo modo que me muero de pena cuando veo pelear a los mayores, me muero de gusto cuando les veo en clave colaboradora.

Ayer Sara y yo pasamos casi toda la tarde solas y se ve que la chiquilla aprovechó para sacar todo lo que llevaba días rumiando. Mi benjamina observa y piensa mucho, pero solo habla cuando puede hacerlo con calma.

En una casa con tres niños mucha calma no hay. Así que cuando se da esa circunstancia aprovecha.

Mientras yo andaba en la cocina y recogiendo aquí y allá, Sara iba y venía con preguntas cada vez de más nivel. La tardé empezó así:

  • «¿Por qué Dios es perfecto y yo no?»

Por supuesto le dije que para mí ella es perfecta pero claro, el tema hay que terminarlo de abordar y para ello he pedido a los mayores ideas para que Sara se quede tranquila con este asunto.

  • ¿Cómo puede ser que al morir el cuerpo se quede en la tierra y el alma vaya al cielo? ¿Qué es alma?

Esta pregunta es un clásico, pero no por ello es más fácil de responder.

A media tarde vino con una cuestión de genética. Uff, yo casi me manejo más hablando de Dios; prefiero incluso las temidas preguntas sobre sexo. Pero no… ella quería ponerme a prueba:

  • «¿Cómo puede ser que mi sangre sea tuya y de papá?»

Por la noche los mayores se morían de la risa cuando yo hacía un poco de teatro echándoles en cara que me habían dejado sola y sin muchos argumentos para enfrentarme a la más pequeña. Les he pedido que se estrujen los sesos para pensar en unas respuestas adaptadas a la edad de su hermana.

Cuando oigo a amigos decir que sus hijos no hacen muchas preguntas, me resulta increíble. Los míos son los tres tan preguntones…

Hay tardes como la de hoy, que se complican con reuniones y demás, en las que directamente he de pedirles que seleccionen y me cuenten solo lo urgente porque mi cabeza no es capaz de procesar tanta información. Mucho menos de atender a cuestiones existenciales.

Es entonces cuando Sara decide que lo más urgente del día es contarme que el pescado del colegio no le gusta:

  • «Solo me gusta el de los restaurantes y el que cocinas tú mamá».

Toma ya. Subidón, subidón. @amparolatre

 

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