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Pendientes y mucho más

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Tienes una niña preciosa, sana y feliz. Que se pasa el día gritando sonriente a los cuatro vientos y que quiere hacerlo todo ella sola, aunque todavía tiene tres años.

Cada noche te acuestas dando gracias por todas muestras de salud física y mental y de repente un día llega a casa diciendo que quiere ponerse pendientes porque todas sus amigas llevan pendientes y piensa que así será más aceptada por el grupo.

Dices: «¡Oh cielos!». Aunque en tu interior resuenan otras muchas cosas y no todas puedes decirlas en voz alta delante de la niña.

Esta niña es mi sobrina. Y sus padres han descubierto con la anécdota del pendiente que atrás quedaron las batallas de la comida, el pañal y el irse a dormir a la hora. Porque empiezan las batallas con mayúsculas, las que tienen que ver con la seguridad, con la capacidad para defender la propia identidad, con la valentía para defender una opinión aunque no sea la mayoritaria. Vamos…. esas batallas en las que andamos todos, también los adultos.

Mis hijos adoran a su prima. Hasta ahora para ellos era la viva imagen de la felicidad, pero saben que desmarcarte de las tendencias en el patio es duro. De hecho tampoco ellas tienen pendientes, aunque esto en nuestro caso no ha supuesto ningún problema.

Hoy han desayunado y se han vestido en tiempo récord. Querían mandarle un mensaje de ánimo a su prima pequeña y he de reconocer que ha sido emocionante ver todo lo que le decían por whatsapp: «nosotras tampoco tenemos pendientes», «ser diferente está bien», «me siento original sin pendientes y eso me gusta».

Es cierto que una cosa es decirlo y otra vivirlo, pero expresar con naturalidad aquello que perseguimos es un primer paso para alcanzarlo ¿no os parece?

Desmarcarte de las tendencias es duro. Tan duro como necesario; también para los padres. Y a medida que crecen la cosa se va complicando. Aunque sí es cierto, que si desde los primeros años de vida de los niños nos acostumbramos a pasar por el filtro de nuestros valores y nuestra capacidad crítica todas esas modas o decisiones que aparentemente nos vienen dadas, tendremos mucho ganado.

Querida sobrina, a mí me encantan los pendientes, pero empecé a llevarlos con 15 años. Mis padres decidieron no ponérmelos al nacer porque era una tradición que no les gustaba y que les parecía injusta para las niñas. A mí también me lo parece y por eso tus primas tampoco llevan pendientes. Si quieren más adelante llevarlos haremos los agujeros, pero será porque ellas lo decidan libremente. Sin presiones de ningún tipo. Sé que estas palabras son demasiado complicadas para ti, pero estoy convencida de que tus padres sabrán explicarte todo esto de manera que entiendas lo importante que es que te quieras tal y como eres y que sepas defender tu espacio aunque no hagas lo que dicte la mayoría. En nuestra familia las niñas pequeñas no suelen llevar pendientes, pero tenemos en común un carácter fuerte que, aunque resulta agotador lidiar a diario con él, a mí me encanta.

Tú eres una niña simpática, inteligente, alegre y divertida. Estoy segura de que muchos niños querrán jugar siempre con alguien tan especial como tú. No permitas que nadie te haga sentir mal por cómo vas peinada o por la ropa que llevas. Sé que es puede parecer difícil pero si descubres cómo hacerlo, serás una niña todavía más simpática, más inteligente, más alegre y más divertida. Seguro que papá y mamá pueden ayudarte. Nosotros, aunque vivamos lejos también intentaremos estar más cerca cuando haya complicaciones. @amparolatre

 

 

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