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Pasión por las series

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La semana pasada, en la Escuela de Padres del colegio de mis hijos, tuvimos una sesión sobre las series de televisión juveniles y se generó un debate bien interesante.

Como la sesión la coordinaba una servidora, me tomo la libertad de resumir en el post de hoy el debate que allí se generó.

El punto de partida era el siguiente:

  • Mejor hablamos de series de ficción, no de televisión, porque nuestros hijos tienden a ver cada vez menos televisión y cada vez más contenidos seleccionados, en otros soportes como le móvil o la tablet.
  • El consumo es pasivo, individualizado y aislado.
  • La capacidad de darse atracones televisivos (ven varios capítulos seguidos de una sentada) hace que el universo que generan las series ya no se cree a golpe de capítulo.
  • Cierta capacidad para la creatividad y la interacción, si no fijamos en el fenómeno de los youtubers.
    jessie

    Estas son quizás algunas de las características del nuevo modo de consumir este tipo de contenidos y que convierte a nuestros hijos en más vulnerables ante su capacidad influencia. No debemos olvidar que ninguna serie de este tipo es neutral y que sus mensajes son como una lluvia fina que va calando poco a poco. En historias como las de «Jessie» nos encontramos con niños que viven sin familias (o con padres «medio bobos»), en las que el tono de las conversaciones en hiperactivo e irreverente y donde se frivoliza absolutamente con todo. Por no hablar del consumismo o la superabundancia en la que viven este grupo de chicos y chicas.

  • No podemos caer en el error de pensar que nuestros hijos se sientan a ver estos programas solo para desconectar y que saben distinguir una serie seria de una que no lo es. Los niños están en disposición de formarse, 24 horas al día. Todo les influye. De nosotros depende que estén expuestos a un tipo de mensajes o a otros, sobre todo mientras son pequeños.

Conste en acta que mis hijos han visto «Jessie» y que también yo recurro a la televisión en algunos momentos, cuando necesito hacer algo que exige concentración o cuando necesito que estén quietos y callados 15 minutos, porque estoy a punto de pasarme de rosca. Pero lo cortés no quita lo valiente, que decía mi abuela. En este sentido, el «quid» de la cuestión creo que sería tener cabeza con el tiempo que nuestros hijos pasan frente a la pantalla y compensar estos momentos con otros en los que predominen los valores que nosotros queremos que dejen huella.

Como decía, actualmente las series crean universo que ya no se construye a golpe de capítulo. Los guiones tradicionales y, por ejemplo, el valor de la espera (ya no vemos un capítulo a la semana) saltan por los aires. En el caso de «Violetta», además de la serie, tenemos película en cine y gira de conciertos. Además de todo el merchandising que esta firma ha generado. Bailes, personajes, estilo de vestir, banda sonora, estereotipo de belleza…

Y ante este panorama ¿qué podemos hacer? Pues podemos hacer mucho; pero no hay recetas universales. Cada uno deberá encontrar la suya particular. Por supuesto, nuestro margen de acción dependerá en gran medida del número de hijos, de sus edades o del número de «gadgets» y pantallas que tenemos en casa.

En nuestro caso, en el que solo hay una televisión en casa (en el comedor), aunque hay varios ordenadores y los niños no tienen ni tablet,  ni móvil aún, hemos optado por gestionar el asunto (que no es fácil) con una combinación de:

  • Prohibir algunos contenidos.
  • Ver con ellos y comentar lo que vemos, siempre que es posible.
  • Ofrecer alternativas. Pensar en contenidos que nos puedan gustar a todos, como algunos concursos («Pasapalabra»), «talent shows» («Got Talent» o «Master Chef») y series de otras épocas (que hemos descubierto no sin sorpresa que les gustan), para que nadie prefiera aislarse.

Justo antes de comenzar la sesión de la Escuela de Padres, recibí un tuit con este párrafo de la exhortación del Papa Francisco, que recoge interesantes consejos para los padres:

«La familia no puede renunciar a ser lugar de sostén, de acompañamiento, de guía, aunque deba reinventar sus métodos y encontrar nuevos recursos. Necesita plantearse a qué quiere exponer a sus hijos. Para ello, no se debe dejar de preguntarse quiénes se ocupan de darles diversión y entretenimiento, quiénes entran en sus habitaciones a través de las pantallas, a quiénes los entregan para que los guíen en su tiempo libre. Sólo los momentos que pasamos con ellos, hablando con sencillez y cariño de las cosas importantes, y las posibilidades sanas que creamos para que ellos ocupen su tiempo, permitirán evitar una nociva invasión. Siempre hace falta una vigilancia».

(Amoris Laetitia)

Creo que las familias debemos perder el miedo a ser contraculturales ofreciendo experiencias que constituyan un contrapeso a los mensajes dominantes y tener más confianza en nosotras mismas para encontrar nuestro modo original de hacer las cosas y de gestionar este tipo de situaciones. @amparolatre

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