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Lo que nunca falla

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Baja la temperatura, empieza la temporada de lluvias y de la noche a la mañana pasamos de hacer mucha calle a estar metidos en casa. Eso sí, la necesidad de movimiento y la energía que los peques derrochan es la misma. Así que tenemos que ingeniárnoslas para sacar el máximo partido a cada rincón de la casa y no todas las familias disponen de metros y metros de jardín.

Algunos días tengo la sensación de que «la casa se me cae encima». Sin embargo, en otras ocasiones disfruto como nadie de «estar», sin más; sin la necesidad de hacer nada del otro mundo, ni de organizar el planazo del siglo. Hay muchas actividades que podemos hacer en casa y que, al menos en la mía, tienen el éxito asegurado. Con algunas de ellas además, mis hijos están muy entretenidos, sin tener que estar permanentemente brincando.

Los últimos fines de semana han sido relajantes y entretenidos a partes iguales y la verdad es que no hemos hecho nada del otro mundo. Mientras unos maquinaban sigilosos, la otra destrozaba una caja de acuarelas. Han preparado conciertos, y han hecho cabañas con pinzas y mantas en el comedor. Parece mentira cómo pasan los años, pero siguen fascinándonos las mismas cosas. También yo recuerdo divertirme así con mis hermanos.

Los viernes por la noche hemos institucionalizado ver una película juntos y los sábados, las tortitas con chocolate para merendar.

Sara (seis y ocho años menor que sus hermanos mayores) está en otra onda; precisamente por eso nos brinda la posibilidad de redescubrir placeres casi olvidados. Le encanta pegar cromos con su padre. Otro clásico del otoño, que puede ser un plan perfecto para las tardes desapacibles. Y en esta tarea no sé quién se divierte más, la verdad, porque mi marido se lo toma con una profesionalidad que yo jamás sería capaz de aplicar a un «simple álbum de cromos». Así que tenemos lista de «cromos repes» y de los que faltan. Y los fines de semana padre e hija se acercan a alguna plaza a conseguir «los números imposibles».

Con ella tampoco falla poner unos cuantos imanes nuevos en la nevera o un baño eterno con unos cuantos muñecos y globos de agua. La podemos oír rato y rato contando historias a remojo.

Son muchas, muchísimas, las actividades que podemos hacer en casa. Después de semanas de vértigo, llegamos al viernes bajo mínimos. Por qué no aprovechar el fin de semana para descansar, de vez en cuando aunque sea. No sé vosotros, pero yo necesito frenar en seco y decir «aquí me quedo». Y mis hijos también. Qué gusto cuando desconectar, descansar, entretenerse y estar los cinco juntos es posible. No siempre lo logramos, pero lo tengo comprobado, hay planes que nunca fallan. @amparolatre

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