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Lo que está en mi mano

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En mi mano está que mis hijos empiecen el día con un desayuno saludable y que no almuercen bollería industrial; que se laven los dientes a diario y que lleven las uñas limpias.

En mi mano está que recojan su habitación, que me pidan las cosas por favor o que den las gracias, que saluden al entrar en el autobús que cada mañana nos lleva hasta el colegio y se despidan al salir de la tienda donde compramos el pan cada tarde.

Pero no está en mi mano que estén callados en clase o no interrumpan al profesor durante la explicación, aunque me gustaría, conste en acta. Me encantaría tener un mando a distancia y desde el trabajo poderles enviar una señal a su cerebro o a su cogote a modo de «colleja», cuando la cosa empieza a torcerse. En clase no solo importa la educación que intentamos dar en casa, entran en juego otros factores que en ocasiones hacen muy complicado mantener el orden, con el consiguiente disgusto para los padres que llevamos tatuado en la piel que «las cosas del cole» son lo primero.

Sin embargo, con los años he aprendido a discernir en qué campos juego y en cuáles he de limitarme a animar. Y he de decir que he ganado cierta paz con el descubrimiento.

Está en mi mano recordar a mis hijos qué es lo correcto y no desautorizar al profesor, pero deberá ser él quien descubra cómo mantener la disciplina en el aula, de la misma manera que en casa mi marido y yo vamos definiendo nuestra hoja de ruta doméstica para que las cosas salgan como a nosotros nos gusta.

Con tres niños en la familia tenemos de todo, como en botica. Más responsables, menos, más dóciles, más rebeldes, más creativos,  más perseverantes… La verdad es que estoy bastante contenta con su comportamiento en casa. Todos podemos mejorar en algún aspecto, pero dignamos que hemos encontrado la fórmula para que las cosas funcionen.

En el colegio, sin embargo, alguno de ellos podría hacerlo mejor y esto es algo que a días me quita el sueño. También en algún momento me he cargado de culpa y hemos arruinado el ambiente en casa por lo que sucedía fuera. Pero esto es algo que me gustaría evitar en lo sucesivo, porque además somos padres presentes y muy pendientes.

Sé que no es fácil manejar clases movidas; tampoco lo es el día a día de un hogar con tres niños y en el que los dos padres trabajamos fuera de casa. Nadie dijo que fuera fácil, pero es posible y no hay tiempo que perder en dar con la fórmula. El curso acaba de comenzar pero pasa volando.

No me asustan las dificultades, me asusta sentirme sola en las batallas. Esta tarde trasteando en las redes sociales he visto que a pesar de ser fin de semana el equipo directivo del colegio de mis hijos está trabajando para desarrollar la competencia espiritual de los alumnos. Descubrirlo me ha hecho recordar que aunque haya cosas que no están en mi mano, estamos juntos en la batalla de la educación. @amparolatre

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