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La Presentación

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¿Qué le vas a decir hoy a la Virgen? Esta ha sido la primera pregunta a la que nos hemos enfrentado hoy. Porque la vida con niños se vive de pregunta en pregunta. Un interrogante nos lleva a otro y así vamos avanzando.

En el colegio de mis hijos, como en muchos colegios religiosos el día 2 de febrero es  uno de esos días especiales, que los niños no olvidan aunque se vayan haciendo mayores. El día de la Presentación de Jesús en el Templo, los niños de tres años que han iniciado su andadura en el centro, junto con aquellos alumnos nuevos de cursos superiores, acompañados de sus padres, participan en una celebración sencilla pero muy emotiva en la que se les regala una medalla de la Virgen como símbolo de su amistad con ella.

Después de ver cómo Sara se comía a besos a su medallita, los padres hemos rezado juntos una oración en la que hemos pedido protección y ayuda en la educación de nuestros hijos.

Señor, todo lo que tenemos

nos lo has regalado tú.

También nuestros hijos,

por los que sientes

un inmenso cariño.

Nos pides nuestra colaboración

para hacerlos crecer.

Ayúdanos en esta gran tarea.

Danos tu apoyo y tu compañía.

Quédate cerca de nosotros

en los días difíciles

de su adolescencia y juventud.

Enséñanos a escucharlos

y a ayudarles poco a poco,

a que vayan siguiendo su camino, según su vocación

y no según nuestros deseos.

Queremos renovar nuestro compromiso

de educarlos según el Evangelio.

Por eso te presentamos hoy a nuestros hijos a Ti,

que los quieres más aún que nosotros.

Amén.

Hace algo más de once años fui madre por primera vez. Por aquel entonces pensaba que casi todo estaba en mi mano; en materia de educación, quiero decir. Pero viéndoles crecer -a mis hijos y a otras personitas que he tenido cerca- me he dado cuenta de que nada más lejos de la realidad. Por eso me dan tanta paz estos momentos que me sirven para poner a los que más quiero bajo su amparo y sentir que estoy en Sus manos.

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Uno siembra; mal que bien intenta dar testimonio, alentar, acompañar, aconsejar, poner límites, exigir y ser cariñoso a partes iguales. En fin, todo eso que implica la paternidad. Y mientras todo esto sucede ves que no todo es moldeable y que hay que aceptar los puntos débiles y cruzar los dedos (o mejor rezar) para poder estar ahí después de una mala racha, que las habrá. Solo las caídas cuando hay alguien ahí para ayudar a levantarnos servirán para crecer.

Me siento muy afortunada de estar en un colegio que me ofrece estos espacios, en los que además puedo compartir la fe con las familias con las que mis hijos juegan en el patio. Algo muy importante, que en ciudades grandes sería imposible, de no ser por las ocasiones que nos brinda el colegio.

Por cierto, volviendo a la pregunta. A Sara le he dicho que a la Virgen le iba a dar las gracias por tener a una hija como ella, que quería ser muy buena amiga suya y que me ayudara a ser amable y generosa con todos. Sara también ha pensado algo: «Yo le voy a pedir que venga conmigo al Museo del Prado».  Qué divertida, nuestra benjamina. @amparolatre

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