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La lección de un niño

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Ha vuelto a suceder. Un vídeo en el que es un niño pequeño (de unos 6 ó 7 años) quien consuela a un mayor y le muestra una gran verdad, ha dado la vuelta al mundo.

«No pasa nada, hombre. Que es solo un partido de fútbol», parece que el niño le dice a ese seguidor francés, «destrozado» ante la derrota de su equipo frente a la selección portuguesa, en la final de la Eurocopa.

https://youtu.be/0ezR4MQPJps

He sido una persona deportista y ahora disfruto -cuando es posible- viendo un partido de baloncesto, una exhibición de gimnasia rítmica o patinaje. Pero todo lo que gira en torno al fútbol me genera cierto rechazo porque me cuesta encontrar equilibrio y sensatez. Más bien lo que veo son testimonios de gente que pierde el norte por algo que «solo es fútbol», que deja a un lado las cosas importantes de la vida porque es «imprescindible» ver absolutamente todos los partidos o que pierde la serenidad porque su equipo pierde. No puedo identificarme con todo el folklore que gira alrededor. Los trabajos cambian las jornadas laborales y hacen la vista gorda cuando sus trabajadores llegan tarde o se escaquean para ver una final, pero son inflexibles cuando los padres tenemos una reunión o un niño está enfermo. Algo no va bien.

Eso no quiere decir que no disfrute viendo un partido en concreto, pero la cultura del fútbol no me atrae ni un poco.

Leyendo las palabras del papa emérito Benedicto XVI sobre este asunto me doy cuenta de que son  muchas las caras de esta moneda y que lo que él dice en teoría, sí lo percibo en otros deportes más alejados del espectáculo, pero me cuesta encontrarlo en el deporte de las estrellas. Aquí os dejo parte de su reflexión sobre este tema:

“Consecuentemente el juego sobrepasa en cierta sentido la vida cotidiana, tiene otro carácter, especialmente en los niños. Es una ejercitación para la vida. Simboliza la vida misma y la anticipa de un modo configurado libremente. Me parece que la fascinación del fútbol consiste esencialmente en que une estos dos aspectos en una forma convincente. Obliga al hombre, ante todo a uno mismo, a cultivarse, de modo que a través del ejercicio se logra el dominio de sí, a través del domino, la superioridad, y a través de la superioridad, la libertad”.

Sin embargo, gracias a este sensato niño portugués, me he reconciliado un «poquirritito» con este deporte. Creo que ellos sí tienen claro dónde está lo importante, en ese abrazo sincero. Ha sido un gesto potente, que ha adquirido mucha viralidad, pero pensemos en los campeonatos escolares en los que nuestros hijos participan a lo largo del curso. Con demasiada frecuencia los adultos no damos el ejemplo que deberíamos (gritamos, insultamos, nos centramos en ganar en lugar de en disfrutar…). Pongamos cabeza, por lo menos cuando están ellos delante. El deporte puede ser una herramienta educativa fabulosa si efectivamente damos ejemplo de dominio, autocontrol, deportividad, sentido de equipo, cuando no es así se pervierte su esencia. @amparolatre

 

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