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La felicidad a los tres años

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Descifrar la letra pequeña de la felicidad es un tema recurrente en conversaciones y artículos de diferentes medios. En qué consiste, qué nos hace felices, de qué depende. Se dicen muchas cosas sobre este asunto, en ocasiones sin llegar a ninguna conclusión, digamos… interesante.

Hoy mi pequeña tenía claro que estaba feliz y tenía claro por qué. Tres razones saltaban a la vista:
– Después de una semana de búsqueda, hemos encontrado su lazo rosa, que habíamos extraviado. Sara tiene tres lazos, azul, verde y rosa, que por supuesto es su favorito. Lleva días pidiéndomelo cada mañana y hoy por fin ha podido volver a ponérselo. Su pasión por los lazos es un misterio porque en la historia de mi familia lo que ha habido generación tras generación ha sido más bien cierto rechazo hacia ellos. Pero a mí me encanta que a mi Sara le encanten. Y que sea por este motivo diferente a su hermana, su tía, su abuela y también a mí.

– Hoy se celebra en el colegio la fiesta del agua. Sara ha contado a todos los vecinos, personas con las que nos hemos cruzado desde el viernes o que han llamado por teléfono a casa que el lunes se llevaría sus zapatillas de goma y su toalla «de Frozen» al colegio porque se iba a bañar con sus amigos. Sara lo comparte todo. Y así su alegría se multiplica y sus penas, con el consuelo, desaparecen en «un pis pas.

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– Por primera vez ha ido al colegio con una mochila de ruedas como la de sus hermanos, donde ha metido todo lo que necesitaba para la fiesta y la ha llevado ella sola hasta el colegio, con lo lazo rosa en la cabeza por supuesto.
Cuando me he despedido de ella en el colegio he decidido dejarme contagiar de su facilidad para ser feliz con las pequeñas cosas de cada día. Es la sabiduría de los tres años, que con el tiempo perdemos pero que no es imposible recuperar. Las familias que tenemos peques de estas edades tenemos un tesoro que no podemos desaprovechar.
Cada día me doy cuenta de en qué medida Sara, nuestra benjamina, es en parte nuestra salvadora. Es la que recuerda que un grito duele, que se bloquea si estamos enfadados con ella y que el único modo de salir del bloqueo es el perdón, que quiere que estemos contentos y que tan imprescindible es la fruta como un poco de postre después de la cena. Pues sí Sara, esas pequeñas cosas, como el trocito de chocolate que reclamas después de tu pieza de fruta, son las que dan la felicidad. @amparolatre
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