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Impacto

Westend61 | Getty Images
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A última hora del día, si tengo que pensar en una palabra que resuma mi jornada, ésta es sin duda la palabra «impacto». Y me explico.

La primera conversación interesante del día la he tenido con Alfredo Hernando, alma mater de «Escuela 21», un portal de innovación educativa a quien esta mañana le he pedido que trazara algo así como un «Quién es quien» de la educación y hemos terminado hablando de cómo repercuten en una familia, los cambios que está experimentando la escuela. Es decir, hemos terminado hablando del impacto que las nuevas metodologías tienen en los hogares.

Apenas había pasado una hora de esta conversación cuando he recibido una llamada del colegio de mis hijas. Y me he echado a temblar porque eso en el 80% de los casos significa o vómitos o fiebre y claro, empezar una semana así…

  • «Dame solo buenas noticias, por favor», le he dicho a la tutora de «mi benjamina».
  • «La buena noticia es que no es grave», me ha dicho.

El clásico «choque de trenes» en el patio con un diente por los aires y un labio partido como resultado del «impacto». El diente estaba a punto de caerse. Así que, efectivamente, nada grave.

Al llegar a casa, además de los retos previsibles, me encuentro con que «mi mediana-ya adolescente favorita-» quiere grabar un vídeo contando una noticia inventada sobre Roy Lichtenstein porque eso le da opción a mejor nota y a «mi adolescente favorito» un duende informático se le ha colado en su blog de historia y no puede publicar un trabajo sobre Maquiavelo y «el fin justifica los medios».

¿Cómo no voy a dormir a gusto al terminar estas jornadas tan intensas?

Darle mimo a «mi benjamina» es tarea fácil. Vestir a «mi mediana -ya adolescente favorita- de presentadora de informativo y darle alguna clave para que grabe mirando a la cámara sin que le entre la risa floja, también es relativamente sencillo. Pero reconozco que para enfrentarme al duende he tenido que pedir ayuda a un amigo, porque aunque soy mujer, de momento me veo incapaz de empanar filetes mientras resuelvo este tipo de retos informáticos.

Creo que puedo decir, «prueba superada», pero lo cierto es que hay tardes que las vivo como una auténtica carrera de obstáculos. Si además -como es mi caso- andas por la vida con un móvil sin mucha memoria, ayudar a los niños en las dificultades cotidianas del día a día es un pelín estresante, cuando mi marido llega tarde a casa.

Cuando por fin me he sentado, he recordado la conversación de primera hora de la mañana con Alfredo Hernando. El impacto en el seno de la familia de todo lo que sucede en la escuela es algo de lo que maestros y padres deberíamos sentarnos a hablar. Estoy convencida de que sería enormemente enriquecedor.

La manera de aprender de nuestros hijos es fascinante, mucho más conectada con la vida que el modo en el que nosotros interiorizábamos conocimientos hace no tantos años; pero es importante que colegio y familia conozcamos qué traducción tienen en «el campo de enfrente» las decisiones que tomamos. En casa no siempre tenemos los recursos para resolver las dudas que estos «ikids» nos traen y no siempre es sencillo ponernos en clave de «grupo cooperativo» cuando esto implica cambiar los planes familiares. Por la misma regla de tres, lo mismo sucederá en el colegio con algunas de las opciones que hacemos en casa. No estaría de más sentarse a hablar.

Hoy va la cosa de impactos. @amparolatre

 

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