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Historias

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Dedico parte de mi jornada laboral a escuchar, escribir y contar historias. 

Cuando escucho a personas interesantes, apasionadas o comprometidas, no puedo evitar pensar en mis hijos. De repente siento una gran impaciencia por verles, por que llegue la hora de la cena para poder sentarnos juntos a comentar aquello que me ha parecido enriquecedor.
Hoy les hablaré de Helena Maleno y del Padre Mussie Zerai. Ambos recogerán el próximo sábado el Premio a la Fraternidad que cada año otorga la revista Mundo Negro. Ella en Tánger y él en Italia, él sacerdote y ella madre de familia y periodista. Ambos llevan años trabajando desde posiciones diferentes para defender la vida y la dignidad de las personas en las fronteras. Su compromiso les ha hecho merecedores de este galardón, pero también les ha supuesto  problemas con la justicia. De hecho Helena está a la espera de que se pronuncie la justicia marroquí.
Esta mañana, en una rueda de prensa en la que ha intervenido vía skype, ha dicho cosas como que si tiene que ir a la cárcel por defender los derechos de los inmigrantes, irá sin miedo. También ha hablado del negocio que gira en torno al control de las fronteras y ha explicado por qué cada vez es más complicado defender la vida.
Su trabajo no solo consiste en atender las necesidades básicas de las personas que pretenden llegar a Europa. También intentan que los niños que vienen al mundo en este contexto tengan una identificación (qué cantidad de detalles de las personas que viven en situaciones de sufrimiento extremo se nos pasan por alto) o que los familiares de aquellos que pierden la vida persiguiendo su sueño puedan tener un duelo digno, algo para lo que es necesario conocer la verdad de lo que ha sucedido a un ser querido.
Su día a día se mueve en un terreno resbaladizo en el que personas como Helena o el P. Mussie resultan incómodos.
A menudo, mientras cenamos, mis hijos me preguntan que qué he hecho en mi trabajo. Hay días más rutinarios, otros con una nota de color porque has visto de cerca algún famoso que puede hacerles gracia. Pero hay otros en los que llegas a casa con la mochila llena de miserias y de esperanzas a partes iguales. Esos días cuesta mantener el tipo, pero a estas alturas de la película eso me importa más bien poco. Me parece más importante, en una edad a la que casi a diario hablamos de los problemas que les rodean y de las maneras de evitar meterse en líos, aclarar que hay líos ante los que merece la pena ser valiente, porque lo que está en juego es ni más ni menos que la vida de personas.
La sensación rara con la que se me queda el cuerpo después de tener que resumir esta historia en 40 segundos es algo que prefiero no sacar en la sobremesa. Son las pequeñas miserias de mi profesión, que a su edad, lejos de aportarles algo, solo puede generar desencanto. A pesar del sabor agridulce de la jornada, no puedo dejar de sentirme una afortunada por tener la posibilidad de escuchar sin mediación este tipo de testimonios. Es una suerte enorme, uno de los grandes atractivos de mi trabajo y una gran responsabilidad. Porque escuchando a personas como Helena o el P. Mussie te das cuenta de que la Historia con mayúscula se escribe también a golpe de estas pequeñas historias, de personas anónimas, como o tú o como yo que ante las grandes cuestiones son capaces de tomar postura con coraje. Y esto quiero que mis hijos lo sepan. @amparolatre
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