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Hacia dentro y hacia fuera

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Viendo las imágenes de la fiesta sana y la alegría contagiosa de los jóvenes que están en Cracovia participando en la JMJ pienso en que lo que verdaderamente me gustaría ver es precisamente la parte invisible de estos encuentros.

¿Qué está pasando estos días en el corazón de estos chicos y chicas?

Familias humildes les han abierto sus casas junto a sus catequistas; han podido celebrar la eucaristía junto a otros jóvenes como ellos, que vienen de otro país y hablan otro idioma, pero que creen en el mismo Dios y saben qué es la misericordia.

alto louvor cracovia 4

Días intensos de convivencia que sin duda dejarán huella en estos chicos. Pero también de mensajes claros. Ayer sin ir más lejos, durante el Vía Crucis, en el Parque Blonia de Cracovia Francisco fue directo al corazón de cada uno de los jóvenes peregrinos:

«Hoy la humanidad necesita hombres y mujeres, y en especial jóvenes como vosotros, que no quieran vivir sus vidas “a medias”, jóvenes dispuestos a entregar sus vidas para servir generosamente a los hermanos más pobres y débiles».

«El Señor os invita de nuevo a que seáis protagonistas de vuestro servicio; quiere hacer de vosotros una respuesta concreta a las necesidades y sufrimientos de la humanidad; quiere que seáis un signo de su amor misericordioso para nuestra época. Para cumplir esta misión, él os señala la vía del compromiso personal y del sacrificio de sí mismo: es la vía de la cruz. La vía de la cruz es la vía de la felicidad de seguir a Cristo hasta el final, en las circunstancias a menudo dramáticas de la vida cotidiana; es la vía que no teme el fracaso, el aislamiento o la soledad, porque colma el corazón del hombre de la plenitud de Cristo».

Me pregunto cómo resuenan estas palabras en el corazón de un joven. A mi «los treinta» me quedan un poco lejos. Pero veo a estos jóvenes alegres que recorren Europa, mochila al hombro, con un comportamiento intachable y no puedo evitar mirar a continuación a Ángel de 12 años, a Irene de 9 y a Sara, de casi cuatro. Ojalá en unos años tengan la oportunidad de participar en una JMJ como la de Cracovia y conocer a otros jóvenes como ellos. Ojalá escuchen atentamente al Papa que esté al frente de la Iglesia en ese momento y se dejen interpelar por palabras, que supongo serán parecidas a las que Francisco pronunciaba para terminar la celebración de ayer:

«¿Cómo deseáis regresar esta noche a vuestras casas, a vuestros alojamientos? ¿Cómo deseáis volver esta noche a encontraros con vosotros mismos? El mundo os espera. Corresponde a cada uno de vosotros responder al desafío de esta pregunta».

No hay nada que surta mejor efecto con un joven que transmitirle nuestra confianza. Nada como ayudarle a soñar a lo grande para que saque todo el potencial que tiene.

En la Iglesia hay cosas que deben cambiar; no todo lo hacemos  bien, pero creo que el éxito de las jornadas mundiales de la juventud, está fuera de toda duda. Algo que le debemos a San Juan Pablo II.

Cracovia 2016 terminará mañana con mucho «lío». Mucho más emocionante que lo que este millón y medio de jóvenes ha vivido estos días será ser testigos de las consecuencias del «lío interior» que todas estas vivencias provocarán. Un lujo para los padres y los catequistas que acompañan a estos chicos en sus procesos de fe. @amparolatre

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