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Gestionar la paga

Amparo Latre Gorbe - publicado el 21/02/17

El tema de la paga es de los clásicos en la educación de los hijos.

Hay opiniones para todos los gustos.

El pasado fin de semana, andaba yo leyendo un par de artículos excelentes sobre los beneficios del ajedrez en los niños. Pero al pasar página -para mí, nada como leer en papel- se coló otro sobre cómo gestionar la paga. Ha sido de estas veces en las que a medida que vas leyendo piensas, “no puedo estar más en desacuerdo con lo que aquí se propone”. El planteamiento era de lo más lógico, sin embargo no es ese el modo en el que yo quiero plantear el tema con mis hijos.

El punto de partida de la reflexión era que la paga a partir de los 7 años es recomendable porque ayuda a los niños a gestionar el dinero, y a renunciar a determinados caprichos para poder tener otros.

Visto así tiene su sentido. Yo sin embargo pienso que aprender a organizarse y a controlar las apetencias que todos tenemos, no pasa necesariamente por una paga. Porque además, si yo doy a mi hija todas las semanas entre 3 y 5 euros (como proponía el texto), le estoy invitando a consumir. En definitiva, le creo una necesidad que no tiene. E ídem de ídem con mi hijo de 12 años. Ambos tienen dinero que les han dado sus tíos y abuelos en Navidad y los dos piensan muchísimo en qué gastan cada céntimo de ese dinero. Sin embargo, “la paga semanal” me parece innecesaria y desde luego, hoy por hoy, no es una opción que me convenza.

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Según la psicóloga que cita el artículo, la alternativa a la paga implica que los padres ofrecemos a nuestros hijos dinero “a demanda” y somos nosotros los que decidimos qué comprar. He aquí el principal error de la argumentación. Mis hijos no tienen paga y yo no les doy dinero “a demanda” para que compren todo lo que piden. Y por supuesto soy yo la que decide qué comprar. Faltaría más.

En muchos casos lo que hacemos es pensar en qué medida hablamos de algo verdaderamente necesario o de un capricho y cuándo podemos permitirnos un capricho o cuándo la respuesta es “no”, porque acabamos de comprar otra cosa o por la razón que sea. Por supuesto la batalla no solo queda en este interesante debate, sino que demanda el testimonio de los adultos que estamos alrededor y en esto todos tenemos un largo camino por recorrer.

Me viene a la mente la pregunta que me hizo mi hijo Ángel sobre las colonias hace unos días. «No, la que más me gusta no es la que uso ahora. La que más me gusta es mucho más cara, pero si utilizo por sistema ese perfume, no podríamos pagar a tu profesora de inglés». Mucho me temo que no sé dar el mismo ejemplo con todo. Sin duda podría privarme de muchas cosas y a nivel doméstico podríamos actuar mejor.

La capacidad para organizarse se aprende en familia, intentando que no se tire comida, priorizando gastos, reutilizando ropa, haciendo listas de la compra y buscando marcas blancas, corrigiendo manías…

Para unos niños que no tienen la edad o la costumbre de salir o de comprar chucherías a diario, encuentro en la paga más inconvenientes que beneficios, fundamentalmente porque genera un gasto en la familia que podemos ahorrarnos (en una familia numerosa hablamos de una cantidad nada despreciable) y porque ponemos a nuestros niños en la clave de «gastar», cuando están en otra onda mucho más interesante.

Cuando hablamos de este tema, me acuerdo inevitablemente de cómo abordaron mis padres este asunto. A mí jamás me faltó nada esencial, pero en casa no había caprichos. Desayunábamos tostadas, solo algunos días había magdalenas; el almuerzo que llevábamos al colegio siempre consistía en un bocadillo y mis padres rara vez comían fuera de casa, ni siquiera un café. En mi etapa universitaria jamás viví agobio para pagar una matrícula, pero mis padres me dejaron claro que ayudara como pudiera en los gastos, porque detrás venían otros dos hermanos que también querían estudiar. Así que desde el instante en el que salí de casa para estudiar empecé a dar clases particulares. Jamás tuve paga; en mi caso, como en la de tantas personas, no ha sido necesaria. Y el modelo me convence. Así que de momento lo repito, porque no encuentro una alternativa que me satisfaga tanto como para actuar de otro modo. @amparolatre

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