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Entrega con mayúsculas

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Beatriz no ha estado siempre en el colegio de mis hijas, pero en los años que lleva acompañando a nuestros peques, tanto en los pasillos como en el aula o en el patio, ha dejado huella.

Hoy la hemos «despedido» porque la congregación a la que pertenece la envía a Angola. A partir de ahora su misión está allí y aquí nos quedamos un poco huérfanos, aunque nos alegramos por los que la disfrutarán en otras latitudes.

El día que me dijo que se marchaba se me saltaron las lágrimas. Pensé, «vaya por Dios, qué baja de tono me ha pillado la noticia».

Estamos tan acostumbrados a contenernos que parece que cuando uno muestra sus sentimientos es porque le pasa algo. Pero no era el caso.

En la «celebración del envío» esta tarde he vuelto a emocionarme. En una sociedad en la que uno percibe tanto egoísmo y en la que a menudo el servicio o la ayuda está condicionado a lo que el otro ha hecho antes o hará después, ver decisiones de este tipo me conmueven profundamente. Porque esto es una entrega con mayúsculas, un servicio de una categoría diferente al que estamos acostumbrados.

A lo largo de estos años a Beatriz le he comentado dudas, le he contado problemas y juntas hemos buscado soluciones. Me he sentido escuchada y apoyada siempre que la he tenido delante.

Pero si tengo que quedarme con algún momento de todos los que he compartido con ella, me quedo con las conversaciones que han surgido cuando no teníamos «nada relevante» entre manos. Cuando hemos hablado de lecturas, de experiencias, de fe. Es decir, cuando nuestra relación de amistad iba creciendo. Muchas de nuestras conversaciones han terminado con un «qué peligro tenemos», porque hablando perdíamos la noción del tiempo.

Voy a echarla de menos y sentiría mucho que nuestra amistad, que creo que prometía, sufriera un parón.

Mi mediana y yo siempre decimos que uno de nuestros sueños es ir juntas a África. Así que, quién sabe, igual en unos años hacemos una visita a Angola.

En una de las últimas sobremesas en casa salía la posibilidad de negarse a aceptar un cambio así. Así que la pregunta nos brindó la oportunidad de explicar todo lo que implica decir «sí» libremente, de lo que conlleva entregar la vida y de cómo vas a negarte a hacer el bien, cuando sabes que alguien necesita algo que tú puedes aportar. Qué importante es que estos chicos nuestros entiendan la grandeza de ponerse a disposición de una comunidad. Me pregunto cómo podría hacerles ver a mis hijos que se puede obedecer con paz y que es un acto que no conlleva perder la libertad.

Con la marcha de Beatriz he vuelto a sentir lo mucho que me aportan todos los religiosos que tengo y siento cerca. No tanto por lo que hacen o lo que dicen, sino por lo que son.

Hoy termino el día mirando esta puzle-mapa, que nos encanta. Creo que nunca más dudaré a la hora de situar Angola. @amparolatre

 

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