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Elecciones

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Me moría de ganas por saber a qué partido daban el voto mis padres. Con los años fui deduciéndolo, pero de mi padre solo obtenía una respuesta: «El voto es personal, secreto e intransferible».

Yo me he puesto menos solemne de lo que se ponía mi padre, supongo que porque no he vivido en una dictadura, ni sé lo que es no poder ejercer el derecho al voto. Sin embargo, mis hijos han obtenido la misma respuesta cuando me han preguntado con curiosidad que a quién iba a votar en las elecciones generales que hoy se han celebrado en España.

Mi hija pequeña me ha acompañado, porque ella por defecto va donde yo vaya (me encanta), pero los dos mayores han renunciado a una mañana de piscina para acercarse al colegio electoral. Su interés por la política me sorprende. Les he dicho que a la salida contestaba todas sus preguntas (ya nos conocemos), pero les he pedido por favor que mientras votaba se limitaran a abrir bien los ojos y a escuchar. Iba a intentar explicárselo todo.

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Les ha sorprendido la cantidad de partidos más allá de los cuatro más conocidos y la presencia de la policía. También que los partidos no hayan sabido llegar a un acuerdo y que se haya tenido que repetir el proceso. Éste último tema ha vuelto a salir en nuestras discusiones una hora después cuando Ángel e Irene no eran capaces de pactar qué querían ver en la tele. Ceder, dialogar, pactar, llegar a un acuerdo es algo complicado también en el seno de la familia.

A medida que ha avanzado la tarde y han empezado a conocerse los resultados de las primeras encuestas nos ha resultado imposible frenar su curiosidad. Ángel de 12 años se ha pegado a la televisión intentando empaparse de toda la información que se estaba dando e Irene se ha acostado lloriqueando. Dice que tiene miedo de que el futuro presidente del Gobierno «no quiera a los católicos». Dice que necesita saber qué hará nuestra familia si eso sucede. Uf, demasiado para mí a las diez de la noche. Le he dicho que confío en que eso no suceda y que rezaré para que, gane quien gane, todos nos respetemos. Me ha parecido interesante hablarle también de cómo la valentía para no renunciar a los principios da sentido a nuestra vida.

No sé muy bien qué ha entendido. Como me ha sucedido en otras ocasiones en las que algo le agobia mucho he comprobado que no hay sermón que valga. Nada como un par de abrazos de oso.

Dormida ya, recordando todas las dudas, inquietudes y temores de mis hijos sobre las elecciones, me pregunto si mi contestación sobre el voto es la más acertada. No me apetece que vayan hablando por ahí de estos temas, pero creo que asumiré el riesgo la próxima vez que salga el tema para contarles más abiertamente los porqués de nuestras decisiones en una jornada electoral. @amparolatre

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