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El sueño en la adolescencia

©elizabeth lies
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Por mucho que leas, por mucho que recuerdes cómo lo viviste tú o que intentes prepararte porque sabes que está al llegar, cuando la adolescencia llega hace que te sientas tan torpe e inseguro como ellos.

Las bromas que hasta ese momento te servían, ya no hacen gracia, el afecto ni se pide ni se muestra igual y tienes que convertirte en una adivina de problemas, porque compartir sentimientos se convierte en algo sumamente complicado.

Al cambio en el carácter hay que sumar otra serie de variaciones que pueden convertir a tu hijo en un extraño. Puede que te toque la versión de adolescente desganado, pero como sea tu caso la del chico voraz, prepara el bolsillo. «Mamá me desnutres», me dice Ángel de cachondeo cuando vamos en el autobús. Hace unos días provocó la carcajada de un señor que había visto todo lo que el chiquillo se había metido entre pecho y espalda antes de provocarme. Y lo mismo sucede con el sueño. Hay días en los que necesitan dormir más horas extra que nadie y otros en los que estirarían la jornada hasta horas indecentes.

©elizabeth lies

Sobre este asunto he leído un artículo interesantísimo que advierte de las consecuencias que a corto y medio plazo puede tener el hecho de no dormir bien. Porque si bien hay una explicación hormonal para este nuevo biorritmo, también que existe una necesidad casi vital de mantener buenos hábitos de sueño, a pesar de ese cambio en sus apetencias.

Es importante que aunque no sea lo que les pide el cuerpo haya unas pautas en casa para que se acuesten a una hora prudente y sin dispositivos alrededor que puedan alterar el sueño con señales luminosas. Os aconsejo que pinchéis en el enlace y que leáis el artículo, nos jugamos más que lo que parece.

En una edad en la que la personalidad sufre un «reseteo», debemos insistir al máximo para que nuestros hijos interioricen buenos hábitos de alimentación y descanso. A corto plazo hablamos de cosas tan serias como el éxito académico, que no es poca cosa. Pero a medio y largo plazo hablamos de salud; y eso son palabras mayores.

En determinados contextos hablar de hábitos puede tener connotaciones no muy positivas. Yo, sin embargo, que siempre he sido muy «hormiguita», no puedo ser más amiga de las rutinas. Estoy convencida de que a ellas les debemos el éxito -cuando lo logramos- a muchos niveles. Así que si la adolescencia te ronda y te toca negociar más de lo que querrías, ten en cuenta lo que está en juego.  @amparolatre

 

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