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El historial

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Qué bueno sería poder borrar de vez en cuando las experiencias negativas del «historial» familiar.

Porque por mucho que nos perdonemos y que digamos que con cada amanecer llegan nuevas oportunidades de hacer las cosas bien, lo cierto es que a veces parece que en «nuestras mochilas» pesan más los desencuentros que los momentos gratos, con las personas que tenemos cerca.

Tengo la impresión de que los niños pequeños tienen más facilidad para olvidar y para partir de cero en una relación. Sin embargo, a partir de cierta edad, aparece con fuerza el rencor y aunque haya habido un abrazo por el medio, vuelves a echar en cara lo que el otro te dijo o te hizo.

Tengo dos hijos adolescentes y quiero pensar que en un futuro, cuando yo no esté, se apoyarán y darán la vida el uno por el otro. Pero a día de hoy es agotador y muy triste ver cómo se tiran los trastos a la cabeza y cómo se repiten en medio de la discusión argumentos del tipo «él o ella lo hizo antes».

La mayoría de las veces son situaciones envenenadas en las que como intervengas estás perdida. Pero sobre todo, como madre lo que me preocupa es ver la herida en la relación entre ambos, que se remonta tan atrás que parece una herida de muerte, imposible de curar.

Imposible, salvo que, como hacemos con un ordenador, pudiéramos borrar el historial de desencuentros.

Supongo que el gran reto es aprender a perdonar de verdad, que va más allá de dar un abrazo al que tienes enfrente, mientras sigues con el morro arrugado. Porque las palabras van a una velocidad y las emociones a otro.

Está claro que lo de borrar el historial no va con los humanos. Pero hacer una especie de «reseteo» en la relación es más sencillo. Basta con pasar unos días separados o con replantear algunos roles en casa.

La típica excursión de una semana a la granja o un fin de semana largo en casa de los abuelos pueden servir de desahogo, no solo para ellos, sino también para nosotros. Porque aunque no me cabe la menor duda de que todos los que tenemos hermanos hemos tenido que lidiar con estas situaciones, también es cierto que tensan mucho la convivencia familiar. Por no hablar de los casos en los que estos «rifirrafes» no se han curado con el tiempo.

En fin, con semejante patata caliente entre las manos, mi mayor consuelo es terminar la jornada con un ratito de oración. No sé si a vosotros os ayuda, pero para mí es fundamental para terminar el día cargada de confianza, en lugar de con preocupación. @amparolatre

 

 

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