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Contaminación acústica

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Hay todo un mundo de gente que vive a medio metro del suelo y que a menudo nos hace caer en la cuenta de lo que es verdaderamente importante. Otras veces, simplemente nos hacer ver la vida con otros ojos.

Si no tienes niños pequeños, probablemente no seas consciente del nivel de contaminación acústica al que estamos sometidos.

A mí mi benjamina me lo recuerda continuamente. Cuando vamos caminando por la calle ella habla y habla y habla, mientras yo tengo la sensación de estar perdiéndome la mitad de todas esas cosas tan importantes que ella tiene la necesidad de contar. No me gusta pedirle que se calle, ni que espere hasta llegar a casa para que me lo cuente, porque se que no lo hará. A estas edades ellos cuentan cuando cuentan. Es un tren que pasa, si estás en ese momento te enteras de la historia, si no, te la has perdido. Pero por la calle la cantidad de ruido es tal que es imposible mantener una conversación con los peques que viven a un metro del suelo, casi uno por debajo que nosotros.

comunicación

Por eso cuando la acera está despejada me agacho para ponerme a su altura y voy caminando como puedo. Entonces me entero, por ejemplo, de que está convencida de que el Otoño no ha llegado aún, porque las hojas de los árboles aún no se han caído. Para su cabecita bien cuadriculada es difícil de entender que las hojas no empiezan a caerse el 21 de septiembre.

Esta mañana de camino al colegio, en el metro, que siempre va bastante lleno, me he puesto en cuclillas para que se sentara en mi muslo. Entre las conversaciones de la gente en el móvil y la megafonía era imposible la comunicación. De no haberme agachado tampoco me habría enterado de la complicidad que Sara tiene con su amiga Andrea y de los ataques de risa que tienen simplemente mirándose a los ojos (qué pena que los adultos no disfrutemos a diario de ataques de risa con la misma facilidad que ellos). Justo cuando iba a confesarme lo que iba a decir en la asamblea de su clase hemos llegado. No hay cosa que me suscite más curiosidad que lo que niños de cuatro años le cuentan a su maestra al comienzo de la jornada. Secretos de alcoba del más alto nivel. Seguro.

Me encanta vivir en una gran ciudad. Creo que no es incompatible con la calidad de vida y es mucho lo que ofrece a nivel cultural. Pero adoro el silencio y una de las misiones cotidianas en las que pongo más empeño es la de mimar la comunicación con los míos. En los últimos días no he podido evitar reparar en cómo la contaminación acústica condiciona la comunicación con los niños. Otra cosa que va a ir en mi carta de los Reyes Magos este año. @amparolatre

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