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Buenos días

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Durante el mes de julio soy la primera que sale de casa, varias horas antes de que mis hijos mayores se levanten.

Pero antes de salir disparada hacia el trabajo, mientras me tomo a ritmo de tortuga mi café con leche, dejo una nota para cada uno.

Les doy los buenos días, les dejo las instrucciones para la mañana y termino con alguna frase o mensaje bonito. A mi «adolescente favorito» le parece una pesadez pero si no le dejo unas letras me dice que qué pasa con él.

A «mi mediana sensible» le chiflan mis notas y me recuerda cada noche que no me marche a trabajar sin entrar a darle un beso.

Aunque a estas edades a menudo el día transcurra de discusión en discusión los besos de buenos días y buenas noches son sagrados.

Hay mañanas que voy contrareloj y sacar diez minutos para sentarme a escribir, me cuesta, pero hago el esfuerzo porque en esta etapa de la vida hay que aprovechar cualquier canal de comunicación que se abre, ya sean notas mañaneras o mensajes de whatsapp.

Con mis hijos mayores a menudo tengo la sensación de que damos un paso atrás en confianza y comunicación. Por eso, cuando tengo la certeza de que puedo avanzar lo que he retrocedido hace dos días no dudo en aprovechar el filón y sacarle partido a una nueva posibilidad de encuentro.

Las órdenes se aceptan mejor sin la voz machacona de una madre y los buenos deseos y las palabras bonitas siempre vienen bien ¿no? A quién le amarga un dulce, que decía mi abuela.

Espero que sean estos detalles y no los momentos de tensión lo que recuerden de mí dentro de unos años. @amparolatre

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