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Barcelona

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Hoy también yo quiero poner la mirada en Barcelona pero para contar una historia diferente a la que ocupa las portadas y centra el discurso en los medios de comunicación. Hace una semana a estas horas Sara y yo cerrábamos la maleta para nuestra escapada a solas a Barcelona.

Sara es la tercera y siempre va a remolque de los mayores, así que la posibilidad de viajar con mamá las dos solas ha sido, sin duda ninguna, el mejor regalo que sus tíos podían hacerle por su quinto cumpleaños.
Todo fue una fiesta.

La víspera iba contándole a todo el mundo que iba a cenar en el tren un bocadillo de tortilla. Me encanta la ilusión que le hace todo a esta niña.

Como llegamos pronto a la estación le dije:
– «¡Sara, nos da tiempo a comprar una bolsa de gusanitos!»
Sara hizo el «aplauso de forzudo» que le acaban de enseñar en el colegio, como señal de felicidad.
Al entrar en el quiosco soltó un grito. La fiesta seguía:
– «¡Mamá, está la reina y las princesas en todas las revistas!»
A Sara, como a tantas niñas de su edad les encanta el mundo de las princesas, aunque le cuesta un poco situarse y distinguir la realidad de la ficción:
– «¿Cuáles son los Reyes de Barcelona?»
La pregunta no sonó con sordina, sino bien fuerte, con la consiguiente mirada de estupor de varias personas que hacían cola para pagar.
– «Son los mismos, Felipe y Letizia», le contesté intentando ser lo más escueta posible.
 – «¿Barcelona está en España?».
Más miradas. No sé qué pensaría la gente que tenía alrededor, pero lo cierto es que Sara no hacía esas preguntas como consecuencia de la actualidad política. Gracias a Dios vive ajena a ella.

Su mundo son sus amigos, el colegio y su familia y Sara necesita saber dónde están las ciudades donde tiene a gente a la que quiere. Así que pasamos parte del viaje viendo si Salamanca, Castellón, Valencia u Orlando están dentro o fuera de España y cuántos reyes viven en cada lugar.

Pero el viaje dio para mucho más. El mayor descubrimiento de mi benjamina durante el trayecto fue ver que el tren iba muy rápido aunque parecía que iba lento. Y a continuación soltó otra de esas perlas que nos indican siempre que Sara es una niña muy sensible:
– «Con tanta gente en el tren, mamá, el conductor estará agobiado ¿verdad?»
Qué bien haber optado una vez más por un regalo de este tipo. Escuchar las reflexiones de mi hija, respetando su ritmo ha sido una gozada.
En Barcelona nos esperaban los tíos y las primas, a las que no veíamos desde el verano y con los que pasamos un fin de semana muy especial, lleno de momentos ricos, ricos. Plantamos lechugas, recogimos pimientos, casi destrozamos un hormiguero y montamos en un trenecito con mucho encanto en el Parque de «Can Mercader». Jugaron, discutieron, hicieron las paces y vuelta a empezar, porque hay que ver qué tranquila es la una y qué movida la otra, por nombrar solo una de las muchas diferencias que existen entre ambas. Pero por encima de ellas está el cariño que se tienen y las ganas de aprender cosas juntas.
Sara se subió llorando en el tren que nos trajo de vuelta a Madrid:
– «Es que, mamá, yo me quiero quedar en Barcelona».
Para intentar parar la llantina y sacarle una sonrisa le dije que me contara qué es lo que más le había gustado de todo lo que habíamos hecho:
– «Jugar con Queralt; estar con mi prima. La quiero mucho, mamá».
Cuando termina un día tan complicado en el que cuesta encontrar algo de luz entre los que comentan y analizan las jugadas de los que toman las decisiones, recordar a estas dos peques disfrutar la una de la otra a pesar de sus diferencias me ayuda a mirar al futuro con esperanza. @amparolatre
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