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Azul

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Mis hijos irán mañana al colegio vestidos de color azul. Es el modo en el que celebrarán el Día Mundial de concienciación sobre el Autismo, que este año lleva como lema «Rompamos juntos barreras por el autismo».

Ya he compartido varias veces en «El Lío Madre» lo que supone para mí y para mi familia el hecho de estar en un colegio de integración en el que compartimos la vida con chicos y chicas con trastornos englobados en ese cajón de sastre que es el espectro autista. Hoy la actualidad demanda que siga con ello. Vamos allá.

De todos los vídeos y los mensajes que en los últimos días han circulado sobre este asunto me quedo con uno que hace referencia a la facilidad con la que -en general- nos lanzamos a juzgar al prójimo, en lugar de acercarnos a preguntar si podemos ayudar en algo.

Me gusta esta reflexión porque en lugar de subrayar la diferencia entre unos y otros pone el acento en algo que todos hemos vivido alguna vez.

¿Quién no ha sufrido las miradas en un autobús o una sala de espera, ante una pataleta de un niño? ¿Quién no ha escuchado comentarios sobre la supuesta mala educación que un menor recibe, ante un comportamiento extraño? ¿Quién no se ha conformado con regañar al niño que ha pegado en lugar de tomarse la molestia de averiguar por qué lo ha hecho para descartar que no hay algo más que simplemente un «niño pegón»?

Qué injustos son los juicios cuando parten del desconocimiento. Y qué daño pueden hacer.

» El que me juzgue o quiera darme lecciones de cómo hacer las cosas, que se ponga primero mis zapatos», le dije hace poco a una persona que me quiere mucho y que sutilmente intentaba decirme cómo hacer las cosas.

Creo que está clara la idea, ahora solo queda desaprender esa afición a juzgar tan arraigada en nuestra sociedad y aprender en su lugar una predisposición a ofrecer ayuda, algo que sería mucho más constructivo.

El lema de la jornada me parece interesante, porque el trabajo no acaba nunca. No podemos conformarnos -yo por lo menos no me conformo- con aprendernos el nombre de los chicos y chicas del aula T.E.A. del colegio o con integrarlos en cualquier plan que surja. Sigamos rompiendo barreras. Sin límites. Hasta el infinito.

Hace unos días la abuela de uno de estos chicos me enseñó un sencillo gesto, con el que puedo hacerle preguntas a su nieto y que a él puede ayudarle a contestarme con más facilidad. Se lo agradezco mucho, porque me apetece muchísimo aprender a comunicarme con él igual que hago con otros compañeros de mis hijos. ¿Por qué voy a conformarme con saludarle o darle un beso, si nuestra relación puede avanzar más?

Hay que vestirse de azul. Yo mañana también lo haré. Sobre todo hay que fomentar el inconformismo, en el sentido sano de término. @amparolatre

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