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Aniversario

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A lo largo de estos catorce años ha habido de todo. Viajes, ramos preciosos, comidas en restaurantes exóticos, entradas de teatro… y siempre un poema.

Este año, una gastroenteritis que nos ha tumbado a los cinco – a mí menos que a nadie; soy la fuerte de la familia. Esa es mi suerte y mi desgracia-, nos ha dejado sin energía para celebraciones más elaboradas en nuestro aniversario de boda, pero he de decir que el día ha estado genial.

El poema que mi marido ha elegido para nuestro día me ha encantado y nuestros hijos mayores nos han preparado una sorpresa musical con la banda sonora que sonó durante la cena de nuestra boda. Luego hemos visto juntos el álbum de fotos, que es algo que les encanta ver una y otra vez.

El último regalo de la jornada me lo ha hecho «mi adolescente favorito» que ha querido quedarse a hablar con nosotros, «sus padres pesados», mientras su hermana se iba a la cama. Ha sido una conversación sobre lo humano y lo divino. Todo ha empezado con la declaración de la renta y de ahí hemos pasado a la importancia del dinero en nuestras vidas. A partir de ahí, inevitablemente Messi y Ronaldo; el terer y el ser, para terminar en el valor de la espera. «Porque las cosas más importantes que te sucederán, Ángel, requerirán un proceso y mucha, mucha paciencia». Una conversación rica rica, con un niño que se está haciendo mayor.

(Si los adolescentes no nos dieran de vez en cuando estos momentos los colgaríamos de un pino. No sé si saben que se salvan solo por los pelos)

Para terminar el post de hoy os dejo mi poema del  día, que es de Enrique García Máiquez:

POR ESO LA POESÍA

La novela lo malo es lo que exige:
requiere un adulterio, asesinatos,
viajes larguísimos, curiosas coincidencias,
y un sinfín de avatares.
Los cuentos son más cortos
pero tienden a hacer de sus protagonistas
insectos esquemáticos, clavarlos
con su alfiler a un corcho y colocarles
ingeniosas cartelas.
En cambio, la poesía lo da todo
sin pedir casi nada. Es increíble
lo poco que hace falta en un poema.
Que estemos juntos, por ejemplo,
en una tarde tonta, igual que tantas,
y que digas de pronto:
«Qué suerte estar contigo», y que yo piense:
«Oírtelo decir es un milagro».

No se me ocurre nada, que  pudiera sentarme mejor hoy, que un poco de poesía de la buena. @amparolatre

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