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Agotamiento feliz

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«Un mes reviviendo esa sensación de agotamiento feliz,de no tener tiempo para nada,más que para calmar tu hambre, tu sed o tus ganas de mimo».La frase que mi hermana compartió en Facebook el día que su segunda hija cumplía un mes me hizo pensar. Recuerdo perfectamente que era así como yo me sentía cuando mis hijos eran más pequeños.

El «agotamiento feliz» refleja a la perfección la sensación de muchas madres. Pienso sin embargo, que la capacidad que tenemos en la primera etapa de la vida para calmar el hambre, la sed o la necesidad de afecto de nuestros hijos es lo que convierte esa etapa en un momento tan gratificante.

Con los años, pasamos fases en las que la comunicación fluye y otras en las que parece imposible alcanzar un punto de encuentro. Depende de las edades pero también del carácter de cada uno. Y es nuestra capacidad para conectar con nuestros hijos lo que nos permite calificar de «feliz» un agotamiento tan particular.

La ventaja de tener varios niños en casa es que siempre hay una de cal y una de arena y que nunca faltan las sorpresas. Hoy el premio al misterio se lo ha llevado nuestra benjamina, que aunque suele ser con la que me comunico con más facilidad, esta tarde tenía un «rollo raro» con sus amigos invisibles, que le «hacía sufrir», pero que tampoco era capaz de explicar del todo. Nos ha costado calmarla, pero al final lo hemos logrado con un par de abrazos de oso.

«Mi adolescente favorito» me hace sudar la camiseta como madre. Muchos días echo de menos tener una mayor sintonía con él. Hoy sin embargo, no ha estado nada mal celebrar la satisfación de resolver juntos un par de problemas de matemáticas que teníamos atravesados.

Supongo que ese vínculo tan especial que tenemos con nuestros hijos no se consolida con grandes gestas sino a base de abrazos de oso y de estar ahí en momentos aparentemente tontos, como la resolución de una ecuación. Un día más acabo felizmente agotada. @amparolatre

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