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Qué malos son los extremos

© John Ovington
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Mi abuela era una persona lista y muy graciosa, que transmitía su sabiduría a golpe de refranes, dichos y frases muy suyas que repetía una y otra vez y que han ido calando en todos los miembros de la familia.

Últimamente me acuerdo muchas veces de ella cuando decía, «los extremos, son todos malos», porque percibo mucha radicalidad en asuntos que tienen que ver con la educación y la crianza de los niños.

No sé si es que nos falta sentido común y criterio para encontrar equilibrio. Quizás la abundancia de información hace que queramos espantar las dudas (inevitables) y nos agarremos a las recetas y a las posturas aparentemente muy coherentes, pero en ocasiones radicales y forzadas. Porque cuando lo que tenemos entre manos son personas, ni uno más uno son siempre dos, ni la situación «A», te lleva en todos los casos a la situación «B».

mamá con recién nacido
© John Ovington

En medio de tanto bando yo siento que no encajo en ninguno. Al mi hijo mayo le llevé a la guardería y a los otros no. Soy flexible en algunas cosas y muy firme en otras. Me considero cariñosa con mis hijos, pero creo que no pasa nada por dejarles llorar en determinadas situaciones. He ofrecido lactancia a los tres, pero no he practicado colecho… Vamos, que he optado por ser yo quien defina mi propio modo de hacer y de actuar, descubriendo que muchas de las claves que se proponen como antagónicas en algunos «manuales», no lo son tanto.

La última vez que he recordado la célebre frase de mi abuela Lola ha sido al leer el artículo que Jesús Garrido (Mi pediatra online) ha dedicado a las madres con motivo del Día de la Madre y no puedo estar más de acuerdo. Lo que viene a decir este médico, que quiere mucho a las madres y con el que coincido bastante, es que identificar crianza respetuosa con crianza natural ha generado mucha confusión y que en todo este proceso, tan importante es saber qué es lo mejor para el niño, como para la madre.

Porque, no hay «crianza natural» sin la madre, ni «crianza con apego» sin la madre. Cuando centramos toda la atención en las necesidades de los hijos, estamos siendo un tanto radicales. Olvidamos que los padres, por el hecho de serlo, no dejamos de ser personas con nuestras legítimas necesidades también.

Dice este pediatra, que a diario ve mujeres convencidas de la crianza con apego pero que no disfrutan de su maternidad. Mujeres que se sienten frustradas y además no se atreven a confesarlo, porque se sienten culpables de hacerlo. Mujeres «físicamente destrozadas», dice él.

Añade además cómo en algunos grupos de crianza (de todo hay), cuando una mujer deja de dar el pecho o vuelve a trabajar y escolariza a su hijo, se siente juzgada y excluida.

Propone que hagamos un planteamiento de la crianza que no entre en conflicto directo con la realización personal de muchas mujeres. En definitiva que seamos respetuosos con los padres y las decisiones que tomen libremente respecto a la manera en la que deciden cuidar a sus hijos.

Sobre todos estos temas tenemos mucha información y hay bastante debate aunque un poco estéril. En mi opinión lo que a los padres nos falta es seguridad para huir de recetas y creatividad para diseñar nuestra propia hoja de ruta, teniendo claro que nuestros hijos nos necesitan a nosotros, no que lo sacrifiquemos todo por ellos. Cuanto mejor estemos los padres, más y mejor será lo que aportemos a los hijos. No os olvidéis de la frase de mi abuela. @amparolatre

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