¿Por qué muchas personas optan por la soltería? ¿Es una decisión tomada desde la libertad o también puede estar relacionada con el miedo a ser lastimados?
En una sociedad donde cada vez es más común que las personas permanezcan en soltería y construyan su vida de manera independiente, surge una pregunta: ¿qué hay detrás de esta decisión? Tras vivir una experiencia afectiva dolorosa suele ser difícil confiar y volver a abrirse a una nueva relación de pareja, por lo que algunos prefieren no volver a exponerse al riesgo de sufrir por amor.
Cuando el pasado empieza a elegir por nosotros
Una ruptura dolorosa, una infidelidad, el abandono, el rechazo o una relación que terminó de manera inesperada pueden dejar huellas en la forma en que una persona vuelve a relacionarse.
Después de una experiencia así, muchos responden con un mecanismo que muchas veces es de manera inconsciente con el fin de protegerse. El problema aparece cuando aquello que ocurrió en el pasado comienza a convertirse en un filtro para todas las relaciones futuras.
"Todos terminan lastimándome", "no quiero volver a pasar por lo mismo", "es mejor estar solo" o "seguramente terminará igual que la anterior" pueden convertirse en pensamientos que parecen protegernos del sufrimiento, pero que también pueden cerrar la puerta a nuevas y buenas experiencias.
¿Estamos idealizando una relación de pareja?
Una investigación reciente sobre soltería encontró que las experiencias y expectativas en las relaciones pueden influir en cómo las personas viven su estado civil y en su disposición hacia futuras relaciones. Mientras que en otro estudio longitudinal con más de 5,000 personas solteras, las expectativas negativas sobre las relaciones se asociaron con una mayor probabilidad de permanecer soltero.
¿Se puede volver a creer en el amor?
Especialistas señalan que a pesar de haber pasado por alguna mala experiencia en relaciones pasadas o después de haber sufrido una ruptura, es posible volver a mantener una relación, con ayuda profesional, así como también evitando caer en el error de idealizar a una persona perfecta.
Ya que, después de una mala experiencia podemos intentar reducir el riesgo de volver a equivocarnos buscando una pareja que cumpla absolutamente todas sus expectativas.
Pero aquí ocurre una paradoja interesante, ya que, cuanto más perfecta buscamos a la persona para sentirnos completamente seguros, menos personas reales podrán cumplir con ese ideal.
Tener claridad sobre lo que buscamos en una pareja no es lo mismo que esperar encontrar a una persona perfecta. Una relación saludable también implica descubrir las diferencias, aprender a dialogar y aceptar que el otro tiene límites y defectos.
Llamados a un amor en plenitud

La Teología del Cuerpo de san Juan Pablo II presenta una idea que puede iluminar también a quien ha tenido una experiencia afectiva dolorosa: la persona está llamada al don sincero de sí misma. Esto no significa entregarse sin límites ni aceptar cualquier relación, sino aprender a amar sin perder la propia dignidad, libertad y capacidad de discernir.
Por eso, volver a abrirse al amor no significa ignorar las heridas del pasado ni lanzarse a una nueva relación sin prudencia. Significa reconocer lo vivido, comprender de dónde vienen ciertos miedos y, cuando sea necesario, buscar ayuda para sanarlos con paciencia y sin presión.
Una mala experiencia puede enseñarnos a ser más prudentes, pero no necesariamente tiene que convertirse en el guión de todas nuestras relaciones futuras. Es un camino que puede vivirse con libertad y responsabilidad manteniendo la mirada puesta en Dios.








