Estar al frente de una porción de la Iglesia como la diócesis no es tarea sencilla, por eso, el candidato a obispo debe tener ciertas cualidades
El obispo, sucesor de los Apóstoles, es una figura de autoridad dentro de la Iglesia católica, porque junto con el Papa, pastorean al Pueblo de Dios, como lo describe el Código de Derecho Canónico:
375 § 1. Los Obispos, que por institución divina son los sucesores de los Apóstoles, en virtud del Espíritu Santo que se les ha dado, son constituidos como Pastores en la Iglesia para que también ellos sean maestros de la doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros para el gobierno.
Un hombre con muchas cualidades
Los primeros obispos fueron consagrados por los Apóstoles, que recibieron el mandato de nuestro Señor Jesucristo para ir por todo el mundo y comenzar a orden a la nueva Iglesia. Pero hoy, la situación es distinta, las diócesis están bien delimitadas y la jerarquía bien estructurada.
Y para elegir a los futuros obispos, deben cubrirse algunos requisitos, pero lo más importante es "la idoneidad de los candidatos al Episcopado", es decir, las cualidades que deben tener los candidatos, como lo estipula el canon 378 § 1:
1. insigne por la firmeza de su fe, buenas costumbres, piedad, celo por las almas, sabiduría, prudencia y virtudes humanas, y dotado de las demás cualidades que le hacen apto para ejercer el oficio de que se trata;
2. de buena fama;
3. de al menos treinta y cinco años;
4. ordenado de presbítero desde hace al menos cinco años;
5. doctor o al menos licenciado en sagrada Escritura, teología o derecho canónico, por un instituto de estudios superiores aprobado por la Sede Apostólica, o al menos verdaderamente experto en esas disciplinas.
Una tarea nada fácil
Como podemos ver, se requiere de un pastor muy preparado y que sea hombre de una vida espiritual profunda porque la misión no es fácil, sobre todo porque los tiempos que vivimos son complicados por la velocidad a la que estamos acostumbrados a movernos.
Por eso es indispensable que oremos con mucha insistencia y roguemos al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campo (cfr Mt 9, 38), que es extenso y muy diverso.







