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10.000 metros por diez años de matrimonio: así festejaron su aniversario

5 min de lectura
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Crédito: Avec l'autorisation d'Aymeric et Marie-Alix

Tras diez días de caminata hacia el Mont Blanc y un desnivel positivo de 10.000 metros, Aymeric y Marie-Alix decidieron vivir una experiencia intensa como pareja este verano para celebrar sus diez años de matrimonio.

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Una aventura deportiva, pero también una experiencia compartida que refleja la vida misma, con sus altibajos, su clima y sus encuentros. Aymeric y Marie-Alix aman las montañas desde hace mucho tiempo. El senderismo es una de sus actividades favoritas. Es un momento para recargar energías, para verse con otros ojos, para aprender a caminar juntos. "Para nuestro décimo aniversario de bodas, quería vivir una experiencia especial", explica Aymeric. "Ya hemos participado en retiros y encuentros espirituales, pero hoy, el senderismo es lo que más nos inspira".

"Nos preparamos juntos para este viaje, se lo contamos a nuestros dos hijos, de 7 y 8 años, y decidimos vivir esta experiencia", afirma Marie-Alix. "Aymeric está más entrenado y es más atlético que yo. Me alegra que me propusiera esta aventura, que creyera en mí, que confiara en mí para vivir este reto juntos".

La pareja emprendió un viaje de diez días, caminando juntos, a veces uno al lado del otro, a veces uno delante del otro, pero encontrándose en cada parada y compartiendo su experiencia. Marie-Alix comenta: "Es un reflejo de la vida. Tenemos momentos juntos, momentos a solas, y nos aseguramos de esperarnos el uno al otro con regularidad". Aymeric añade: "A veces el camino es llano, a veces la subida es empinada y exigente. A veces hay que tener cuidado de no caerse, concentrarse y estar atento en los descensos. Caminar por las montañas ilumina la vida y el matrimonio".

Reconocer las propias limitaciones

La ascensión al Mont Blanc no es una experiencia solitaria. La pareja avanza por el sendero, guiada por encuentros, y también experimenta la vulnerabilidad y la necesidad de los demás. Marie-Alix explica: "El tercer día, teníamos una etapa muy larga. La habíamos planeado así para poder parar el 15 de agosto y celebrar como es debido la Fiesta de la Asunción asistiendo a misa y descansando de la caminata. Pero Aymeric se dislocó el hombro. Fue un movimiento repentino, pero a las 7 de la tarde ya no podía ni llevarse la comida a la boca, y aún nos quedaba una buena hora de caminata por delante".

Aymeric continúa: "Paramos en un refugio de montaña para cenar, pero queríamos terminar la etapa a pie. En cambio, aceptamos ayuda. El cocinero del refugio nos recibió y nos llevó a nuestro alojamiento". Reconocer con humildad las propias limitaciones, saber aceptar la ayuda de los demás para alcanzar el objetivo: una experiencia que recuerda a los cónyuges que el matrimonio es una aventura para dos, pero que también se nutre de la buena voluntad de los demás.

Admiración mutua

La pareja se había comprometido a caminar, a experimentar lo que es una verdadera prueba de superación personal, una experiencia físicamente intensa. Aymeric expresa su admiración por su esposa: "A pesar de sus caderas débiles —una condición congénita— Marie-Alix nunca quiso detenerse. Yo también tuve dificultades en algunas de las subidas, y ella perseveró de manera ejemplar. Me inspiró".

La joven explica: "Durante la ascensión, empecé a contar mis pasos. Daba grupos de 60 pasos y luego volvía a empezar. Quería seguir adelante. No sé cuántos grupos di, pero finalmente llegué a la cima. Es difícil escalar una montaña. Además, la cima no siempre es visible: hay árboles. Sabemos cuál es nuestro objetivo, pero no podemos verlo. Sabemos adónde tenemos que ir, pero no vemos todo el camino. Es como una boda. Es bueno recordar que nos espera una cima."

Una experiencia espiritual

La pareja intentaba comenzar cada día con un momento de oración. Una mañana, en una pequeña capilla, rezaron a la Virgen María. Marie-Alix comenzó a cantar un Ave María, Aymeric se unió a ella, y la música de sus dos voces llenó la capilla. Un excursionista estadounidense que pasaba por allí, profundamente conmovido, les preguntó si estarían dispuestos a cantar una segunda vez

Así, estos diez días representan también una oportunidad para que la pareja comparta su fe, conecte con turistas de todo el mundo, personas que buscan un reto deportivo, pero también un sentido más profundo de propósito. La pareja continúa su viaje, llevando en sus corazones la misión de dar testimonio, de compartir la riqueza del patrimonio francés, los tesoros de las pequeñas capillas enclavadas en las montañas y el llamado a algo más grande.

La pareja continúa su vida cotidiana hoy, fortalecida por esta experiencia. Marie-Alix atesora esta aventura: "Es una experiencia que nos pertenece solo a nosotros". Aymeric anima a las parejas a atreverse con retos deportivos: "Practicar deporte permite descubrirse mutuamente de una manera diferente".

Las montañas son un lugar especial, un lugar habitado. "Una familia me prestó sus binoculares y pude ver marmotas; ¡tenía muchísimas ganas de verlas!", sonríe Marie-Alix. "En el silencio de la caminata, ¡pude acercarme mucho a algunos rebecos!", se maravilla Aymeric. "Cruzamos un rebaño gigantesco de ovejas, pasando por el medio, caminando juntos al ritmo del tintineo de sus cencerros", relata la pareja.

Diez días, 10.000 metros de desnivel positivo, diez años de matrimonio: un viaje que renueva a Aymeric y Marie-Alix, dando nueva vida a la década que se abre ante sus pasos.