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Atalía, la reina maldita de la Biblia

4 min de lectura
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Crédito: Domaine public

"La mort d'Athalie" de Gustave Doré.

Atalía, hija de Jezabel, es la figura de una reina poco conocida hoy en día. Sin embargo, el gran dramaturgo francés Racine le dedicó una famosa obra.

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Atalía es hija de Acab, rey de Israel, y de la escandalosa Jezabel (en ocasiones, Atalía también puede presentarse como hermana de Acab). Con unos padres así, condenados por la Biblia por sus fechorías y su adhesión a los dioses paganos, ¿qué destino le esperaba a esta joven reina fenicia que se había casado con Joram, rey de Judá?

Ese futuro se tornaría rápidamente muy sombrío cuando su marido, hijo de Josafat y monarca impío que seguía el culto a Baal, mandó eliminar a sus seis hermanos menores.

Por estas fechorías, y muchas otras que la Biblia calla, el profeta Elías le prometió un final terrible, una enfermedad que lo postraría, lo cual efectivamente ocurrió, tal y como nos relata la Biblia:

"El Señor lo golpeó en las entrañas con una enfermedad incurable. Día tras día, a causa de su enfermedad, se le vaciaban las entrañas hasta el final del segundo año, y murió entre crueles sufrimientos" (2 Cr 21,18-19).

La joven reina, Atalía, quedó viuda y reinó entonces sin piedad.

El sueño de Atalía

Tras haber perdido así no solo a su marido, sino también a su hijo Ocozías, asesinado por Jehú, Atalía decidió entonces acabar con toda la descendencia real; solo Joás, uno de los hijos de Ocozías, su nieto, escapó de aquella masacre bíblica y fue criado en el Templo en el más absoluto secreto.

Tal es el retrato poco halagador que nos ofrece el relato bíblico de esta reina, aunque apenas disponemos de detalles sobre sus numerosas acciones impías. 

Atreviéndose a llenar ese silencio y esas lagunas, el gran dramaturgo Jean Racine nos ha legado una famosa obra que lleva precisamente el nombre de Atalía; en ella, una escena memorable (acto II, escena 5) evoca un sueño aterrador que tuvo la famosa reina bíblica, sueño que llevará su nombre: "¡El sueño de Atalía!"

Pero, ¿en qué consiste? En esta evocación dramática, la madre de Atalia, Jezabel, también reina bíblica, se le aparece en "el horror de una noche profunda", pomposamente ataviada, y le profiere estas terribles palabras: "Tiembla —me dijo—, hija digna de mí. El cruel Dios de los judíos también se impone sobre ti. Te compadezco por caer en sus temibles manos, hija mía".

El sueño concluye cuando la sombra de su madre, Jezabel, desapareció y la joven reina, al intentar abrazarla extendiendo los brazos, no pudo encontrar más que una horrible mezcla de huesos y carne magullada, arrastrados por el fango.

El mismo fin para ambas reinas

Por último, cabe destacar que el destino de la reina Atalía no fue mucho más envidiable que el de su madre, ya que se urdió una conspiración en su contra. De hecho, el sumo sacerdote Joadá logró poner en marcha una conspiración para que se reconociera como rey a Joás, el niño que había sobrevivido a la masacre (2 Cr 23 1-11)

Esta coronación supuso el fin de Atalía y la llevó a un final ignominioso, tal y como le había predicho su madre, Jezabel, en su sueño, y tal y como nos relata la Biblia: "La detuvieron y la llevaron al palacio por la puerta de los Caballos. Allí fue ejecutada" ((2 Cr 23 14-15)), en el palacio y fuera del santuario, para no profanarlo.

Atalía pereció a espada, tal y como ella misma había ordenado tantas veces para víctimas inocentes.