En la Diócesis de Ecatepec, una iniciativa nacida de la escucha a las familias de personas desaparecidas está llevando sus historias hasta las parroquias. Los “buzones de paz” reciben oraciones, palabras de esperanza e incluso información que pueda ayudar en la búsqueda. Una forma concreta de responder a una pregunta que atraviesa toda la Escritura: “¿Dónde está tu hermano?”
No solo son madres que buscan; se trata de familias enteras: el hermano, el abuelito, el padre de familia, el primo, la tía. Todos implicados en la búsqueda de un familiar desaparecido.
Partiendo de la pregunta “¿Dónde está tu hermano?” (Génesis 4,9), el Padre Luis Alberto Sánchez Velázquez, coordinador de la Pastoral de Familias Buscadoras de la Diócesis de Ecatepec, relata que esta pastoral surgió de un proceso de escucha y atención a los colectivos y familias angustiadas por la desaparición de sus seres queridos.
Y aclara que se trata de una pastoral inserta en las actividades de la propia Diócesis de Ecatepec, que fue concretándose mediante diferentes acciones realizadas en esta Iglesia particular:
“El espíritu de esta pastoral surgió mucho antes desde un proceso de apertura y escucha de las necesidades de las personas que se vino dando desde la Pandemia. Dentro de la pastoral había redes de ayuda y escucha telefónica para quienes se sentían deprimidos o tristes”, afirmó el Padre Alberto.
“En 2024 después de escuchar las necesidades de los familiares de personas desaparecidas, se forma la pastoral de Familias Buscadoras a fin de dar acompañamiento Espiritual y sensibilizar a los laicos sobre la problemática”, confirma Julia Ramírez Ángeles, perteneciente a esta sección diocesana.
Y es que, aseguran tanto el Padre Alberto como Julia Ramírez, las madres buscadoras quieren justamente eso: que se escuchen sus necesidades, ser visibilizadas y sensibilizar a la sociedad respecto a un problema que —afirman— le puede ocurrir a cualquiera.
"No se sentían apoyadas por la sociedad, pero tampoco por la Iglesia"
“Llegó un momento en que ellas aseguraron que no se sentían apoyadas por la sociedad, pero tampoco por la Iglesia, fue entonces que pensamos ‘qué podemos hacer para darles esa voz’ y surgió entonces la Pastoral de las Familias Buscadoras, la cual, concretamente, trata de socializar las propias propuestas que ellas ya tienen y darles un lugar en la Iglesia, en cada comunidad”.
Desde la Pastoral de Familias Buscadoras comenzaron entonces a organizar diferentes actividades para dar visibilidad a esta problemática. Una de ellas fue el “Taller de Esferas”, en el que se colocaban los rostros de las personas desaparecidas sobre esferas de madera que después eran llevadas al “árbol de la esperanza”. Esto fue solo el punto de partida.
La Pastoral se sumó también al Eje de Iglesias y Comunidades de Fe, un grupo interreligioso que acompaña a las familias en búsqueda de personas desaparecidas en México como parte de la Brigada Nacional de Búsqueda.
“En Ecatepec la Pastoral inició como un apoyo frontal al colectivo Unión de Esperanzas, el cual forma parte del Eje de Iglesias y de allí es de donde surgen las iniciativas que luego todos replicamos, en este caso, surgieron los ‘buzones de paz’”, comenta Julia.
Un medio para crear esperanza
La dinámica es sencilla. Para la instalación de un buzón de Paz se selecciona una parroquia a la que integrantes del colectivo acudirán en domingo, durante las misas, a compartir su testimonio. Son los propios colectivos y familias quienes crean y decoran los buzones que después son colocados en los templos. La idea central es que las personas puedan depositar en ellos oraciones, palabras de aliento y, si es el caso, incluso información sobre personas desaparecidas. Todo de manera anónima.
En la Diócesis de Ecatepec, el Padre Alberto agenda visitas a distintas parroquias y acude con su equipo para sensibilizar a la comunidad: “Eso es lo primero, sensibilizar pero también es una forma en que las mamás sienten que están haciendo algo concreto por sus hijos, eso les llega a dar algo de paz”.
Pero no se trata únicamente de llegar con un buzón al templo. Se permite a algunas madres buscadoras ofrecer su testimonio, expresar sus sentimientos y hablar directamente con la comunidad. Después, el buzón se coloca en algún lugar del templo y se ofrece a los fieles papel y pluma para que puedan compartir alguna palabra de aliento con las madres. El buzón permanece en la comunidad por tiempo indeterminado hasta que los propios colectivos los retiran y extraen las notas.
“Sí nos hemos encontrado con reacciones variadas de las personas. Algunas se motivan y expresan apoyo a las mamás, otros simplemente indiferencia o hasta rechazo. Incluso no todos los sacerdotes han querido tampoco sumarse y de alguna manera se entiende. Temen tal vez represalias, pero la verdad es que sí hay muchos muy participativos y sensibles a esta necesidad”, afirma Julia Ramírez.
Los buzones han rendido frutos. En ellos se han encontrado numerosos mensajes de apoyo, oraciones sinceras por la aparición de las personas e incluso información. Gracias a los buzones se lograron localizar los restos de algunas personas.
Julia asegura que acudir a las parroquias permite que la gente vea, conozca y escuche de primera mano a las familias: “Muchas personas piensan que a ellos nunca les sucederá algo como esto, y en verdad deseamos que ya no siga ocurriendo. Lo que no tomamos en cuenta es que a cualquiera podría pasarnos que algún familiar se encuentre desaparecido. Muchos piensan que los desaparecidos eran delincuentes o ‘andaban en malos pasos’, pero la realidad, al escuchar a las madres, es que son personas comunes, jóvenes o padres de familia que se ganaban la vida de forma honrada”.
“¿Dónde está tu hermano?”
El Padre Luis Alberto asegura que esta pregunta del Génesis interpela directamente a cada cristiano: “Dios nos pregunta, ‘dónde está tu hermano’, qué haces por él… ¿lo escuchas, lo alientas, le das esperanza? Nosotros, por medio de la Pastoral de Familias Buscadoras, queremos dar vida a la familia, saber que pueden encontrar a sus hijos, porque ellos se sienten muertos en vida y nosotros deseamos que tengan un poco de paz”.
El sacerdote reconoce también como un signo de esperanza que esta iniciativa comience a tomar forma y a replicarse en otras diócesis de México: “Es muy alentador haber comenzado en Ecatepec como prueba piloto. Que todavía tenemos retos y dinámicas que organizar, pero ver que esto va creciendo es un aliciente de que la Iglesia está apoyando y escuchando esta problemática”.
Por su parte, Julia Ramírez Ángeles afirma que la labor de esta pastoral consiste precisamente en “dar vida a las familias”: devolverles algo de esperanza y hacerles sentir que no están solas, que la Iglesia las acompaña.













