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¿Qué hago si las amistades de mi cónyuge no me agradan?

4 min de lectura
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Crédito: MAYA LAB | Shutterstock

¿Tu pareja tiene una amistad que no te agrada? La clave está en no confundir sinceridad con desprecio, ni amor con simpatía. Conoce cómo abordarlo <br>

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En un matrimonio no siempre se comparte la misma opinión sobre las personas que nos rodean. Es común que cada uno tenga amistades del pasado que quizás al otro pueden no agradar del todo; o que a uno le caiga muy bien una persona y al cónyuge le resulte difícil de tratar. También pueden existir diferencias en la manera de relacionarse en el mundo exterior.

Distinguir entre agrado y daño

Aunque puede creerse que, al amarse y compartirlo todo, la pareja debería sentir y pensar lo mismo, la realidad es que son dos seres diferentes, con sus propias afinidades, personalidades y creencias. Esto no quiere decir que no sean compatibles o que no estén en la misma sintonía, sino que es necesario dialogar y llegar a un acuerdo.

No es lo mismo decir: "No me cae bien", "tenemos personalidades muy diferentes" o "me incomoda su manera de ser" a señalar comportamientos problemáticos para la relación, como la falta de respeto hacia alguno de los cónyuges, manipulación, intromisión constante en el matrimonio, críticas destructivas o actitudes que buscan generar división entre ambos.

Aunque no toda antipatía es una señal de alarma, es necesario que no se ignoren las preocupaciones de ninguno de los cónyuges. Expertos en el área aconsejan a las parejas preguntarse:  ¿lo que siento es una preferencia personal o existe una conducta concreta que debemos atender?

Estos puntos, que comparten los consejeros matrimoniales, pueden ayudar a las parejas a lidiar con dicha situación.

1No obligues a tu cónyuge

No intentes convencer al otro para que conviva con tu círculo de amistades diciendo frases como "no entiendes, cuando lo conozcas mejor te va a caer bien". Tampoco es correcto presionarlo para compartir constantemente con alguien que le resulta difícil. El respeto dentro del matrimonio también implica reconocer que el otro tiene derecho a establecer sus propias relaciones y límites.

2Hablen sin convertirse en enemigos

Muchas discusiones matrimoniales comienzan cuando se habla de un tercero. Por ejemplo: "No me cae bien tu amiga", "tus amigos son insoportables", "siempre eliges a los demás antes que a mí". Estas frases suelen hacer que el cónyuge se ponga inmediatamente a la defensiva.

Puedes cambiar el lenguaje acusatorio por uno más personal: "Me siento incómoda cuando ocurre esto", "me preocupa la forma en que nos habla", "me cuesta convivir con esta persona porque…", "necesito que hablemos de cómo establecer ciertos límites".

La manera en la que dicen las cosas cambia todo el sentido de la conversación y puede guiar a una solución, o alejarlos aún más de generar acuerdos.

3juntos, cuiden la relación

Cuando una persona genera tensión, existe el riesgo de que la pareja comience a discutir entre sí y se estanque ahí; entonces, llega un momento en que la situación se vuelve personal y ambos se olvidan del problema real. Es necesario recordar: tu cónyuge no es tu adversario, incluso cuando no comparte tu opinión.

En lugar de preguntarse quién tiene razón, podrían preguntar: "¿Qué necesitamos hacer para cuidar nuestra relación?"

Quizás tengamos amistades distintas y no sintamos la misma afinidad por las mismas personas; sin embargo, podemos escuchar a nuestro cónyuge y respetar sus límites, sin permitir que eso arruine la relación. Un conflicto de este tipo es incómodo, pero también es una oportunidad de continuar aprendiendo a trabajar como equipo y a decidir por el bien de ambos.