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Regreso a clases en México: la CEM pide educar para la verdad, la paz y la esperanza

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Crédito: MAYA LAB | MAYA LAB

“¿Quién construirá la paz mañana?”: el llamado de los obispos ante el nuevo ciclo escolar

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Más de 28 millones de estudiantes mexicanos han vuelto a las aulas a inicios de este mes de septiembre. Para millones de familias significa regresar a los despertadores temprano, uniformes, mochilas, tareas y tráfico matutino. Pero para los obispos mexicanos, el inicio del ciclo escolar 2026-2027 plantea una cuestión bastante más profunda: qué clase de personas se están formando dentro de esas aulas.

La Secretaría de Educación Pública (SEP), informó que el nuevo curso comenzó con más de 28 millones de alumnos de educación básica y media superior, acompañados por alrededor de 1.6 millones de docentes en más de 250 mil escuelas del país. El calendario de educación básica contempla 185 días de clases en todo el ciclo escolar.

En este contexto, la Dimensión para la Cultura y la Educación de la Conferencia del Episcopado Mexicano publicó un mensaje dirigido a padres de familia, maestros y servidores públicos en el que advierte que educar no puede reducirse a transmitir conocimientos.

Los obispos mexicanos recuperan una expresión especialmente significativa: el objetivo de la educación es aprender “el arte de vivir”.

Una crisis que también se mide en números

El desafío no es menor. UNICEF señala que solamente 56 de cada 100 niños que comienzan la Primaria en México llegan a terminar la educación Media Superior sin repetir grados ni abandonar sus estudios. Las desigualdades aumentan dependiendo del lugar donde se nace: en zonas rurales, la cobertura llega al 89% en Secundaria y al 71.5% en media superior, frente al 95.8% y 84.9%, respectivamente, de las zonas urbanas.

Además de la preocupante situación de alfabetización, estar sentado en un salón tampoco garantiza estar aprendiendo. Los últimos resultados comparables de PISA muestran que 66% de los estudiantes mexicanos de 15 años no alcanzó el nivel mínimo de competencia matemática y 47% tampoco lo consiguió en lectura. México permaneció por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias.

Por eso el debate educativo comienza mucho antes de discutir calificaciones o planes de estudio. Se trata de preguntarse qué herramientas intelectuales, humanas y morales están recibiendo los niños para comprender el mundo que les toca vivir.

El desafío de educar en la era de la inmediatez

Uno de los puntos centrales del mensaje de los obispos mexicanos está relacionado con la tecnología. La CEM retoma la reciente encíclica Magnifica Humanitas de León XIV, en la que el Papa advierte que la omnipresencia digital ha creado una “cultura de inmediatez y la sobreestimulación”, capaz de alimentar cansancio, aburrimiento y apatía frente al esfuerzo necesario para buscar la verdad.

Y no, no se trata de declarar la guerra al celular o la Inteligencia Artificial. El propio Pontífice propone algo mucho más exigente: enseñar a los jóvenes a saber cuándo utilizar la tecnología y cuándo prescindir de ella. La velocidad con la que una aplicación puede ofrecer una respuesta no debería apagar la capacidad de formular preguntas.

De hecho, la vida digital ya representa un desafío concreto para los adolescentes mexicanos. UNICEF reporta que, en 2024, alrededor de 2.9 millones de jóvenes de entre 12 y 17 años sufrieron ciberacoso, es decir, aproximadamente el 23% de quienes utilizaban internet en ese grupo de edad y, precisamente, con personas dentro del ambiente escolar.

Educar la atención, la paciencia, el pensamiento crítico y la capacidad de distinguir lo verdadero de los simplemente viral comienza a convertirse, entonces, en una tarea educativa de primer orden, afirman los obispos.

“¿Quién construirá la paz mañana?”

Hay otro problema que atraviesa las puertas de las escuelas mexicanas y que los obispos han querido mirar y llamar la atención: la violencia. Ante esto los obispos preguntan: “¿Quién construirá la paz mañana, si no se les educa en su construcción hoy?”

Esta pregunta adquiere especial peso en un país donde muchos niños conviven con la violencia dentro del hogar, en la comunidad, en internet e incluso alrededor —o hasta dentro— de los espacios escolares.

En marzo de 2026, después de un ataque ocurrido en una escuela de Michoacán en el que murieron dos docentes, UNICEF insistió en que la violencia comprende tanto el bienestar de los estudiantes como su capacidad de aprender, y pidió fortalecer los entornos protectores, la formación emocional y la cultura de paz desde las familias y las escuelas.

Precisamente por ello, la CEM pide educar “en la capacidad de encuentro, de debate y diálogo, de respeto a la dignidad del prójimo y de solidaridad por los más débiles”. Es decir, aprender a convivir también forma parte del currículo, aunque no aparezca en un examen.

La educación como cuestión antropológica

El documento episcopal entra además en asuntos que atraviesan el actual debate cultural. Los obispos hablan de una “crisis antropológica” que, a su juicio, se manifiesta en las aulas mediante el individualismo, determinadas concepciones sobre la identidad y el sexo —a las que se refieren expresamente como “ideología de género”— y prácticas que consideran contrarias a la defensa de la vida.

Más allá de la controversia pública que estos temas puedan suscitar, el punto de partida de la propuesta católica es claro: la educación debe comenzar por una pregunta sobre quién es la persona humana y cuál es su dignidad.

Y no es una preocupación nueva. Hace más de seis décadas, el Concilio Vaticano II afirmaba en Gravissimum educationis que toda persona posee un “derecho inalienable” a una educación que desarrolle armónicamente sus dimensiones físicas, morales e intelectuales y la prepare para asumir responsablemente su libertad.

Padres de familia, maestros y Estado, nadie puede educar solo. Por ello, en su mensaje, los obispos aseguran precisamente que la crisis educativa no tiene un único culpable. Hablan de “todos los agentes de la educación”: padres, maestros y servidores públicos.

El Papa León XIV ha insistido también en recuperar esa alianza. La familia continúa siendo el primer espacio educativo, pero necesita de la escuela y de las instituciones capaces de acompañarla. Y la escuela, por su parte, no puede limitarse a fabricar alumnos eficientes o trabajadores competitivos.

En Magnitica Humanitas, el Papa define la escuela como el lugar donde las nuevas generaciones pueden “aprender a buscar y amar la verdad”, interrogarse sobre el sentido de la vida y reconocer la dignidad de cada persona.

Aquí puede estar el verdadero reto de este regreso a clases. Que 28 millones de niños y jóvenes no regresen solamente a memorizar contenidos, aprobar materias y acumular certificados. Que encuentren adultos capaces de enseñarles a pensar por sí mismos, a dialogar, negociar, esperar, esforzarse, respetar al diferente y utilizar la tecnología responsablemente, descubriendo en todo esto, que su vida tiene sentido.

Porque una buena educación prepara para conseguir un trabajo en el futuro, pero una educación verdaderamente humana, prepara además para vivir.