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Así evangelizaban los primeros misioneros en México a los pueblos indígenas

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evangelización de américa

Crédito: Anamaria Mejia | Shutterstock

Los "doce apóstoles de México" llegaron a un continente nuevo, con lenguas desconocidas y, aún así, encontraron la forma de realizar su labor evangelizadora basados en tres principios

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Imagina por un momento que tu próximo destino como misionero no es en esta época, sino en los años de la conquista, cuando el ahora territorio mexicano pasaba a convertirse en la Nueva España. ¿Cómo evangelizarías a un pueblo desconocido que, además, habla una variedad de lenguas irreconocibles para ti? 

Existió un grupo de franciscanos que enfrentó esto más de una vez: los "Doce Apóstoles de México". Escogidos de los conventos reformados de España, estos misioneros ya contaban con experiencia previa en tierras desconocidas, como las musulmanas y turcas antes de embarcarse hacia el Nuevo Mundo. 

Tras la caída de Tenochtitlan, el Papa Adriano VI los envió para evangelizar al pueblo indígena. Contaban con nociones previas gracias a los reportes sobre la situación que habían enviado otros religiosos establecidos con anterioridad. 

¿Entonces hubo otros misioneros antes que los “doce apóstoles”? no exactamente. Tres sacerdotes conocidos como los “franciscanos flamencos” fueron enviados por el rey Carlos un año atrás. Dos de ellos murieron durante una expedición en Honduras, y el tercero, fray Pedro de Gante, se estableció en Texcoco para aprender de la lengua y cosmovisión indígena. 

Al llegar los doce frailes le preguntaron: ¿qué es lo que tú has hecho durante este tiempo? Y aprendiendo de ello comenzaron con la labor evangelizadora. Hoy podemos distinguir que se sostuvo en tres pilares. 

DOCE APOSTOLES

1Aprender la lengua indígena

    Antes de anunciar la palabra de Dios, fue necesario que los misioneros conocieran la lengua y pudieran comunicarse. 

    Los superiores pidieron a todos los sacerdotes que hablaran por lo menos una lengua del lugar donde se encontraban, la más importante fue el náhuatl.

    2Agrupar a las comunidades

    Esto se hizo con dos propósitos. El primero: evangelizar y catequizar en masa. 

    Los misioneros hacían repetir a los indígenas oraciones en latín, pero pronto se dieron cuenta que era poco efectivo porque no entendían su significado, así que acudieron a su forma de alabanza: las danzas. Las repetían y ofrecían cerca del atrio de la parroquia. 

    Usaron el teatro evangelizador. Se representaban episodios de la vida de Jesús, su nacimiento y muerte principalmente. Así tuvieron origen las posadas y durante años México fue el único país que las celebró. 

    También catequizaron pintando lienzos y pinturas que ilustraban la historia de la salvación en las capillas. Así se desarrolló el catecismo pictográfico, el cual contiene la doctrina de la iglesia católica con referencias de la cosmología náhuatl. 

    Otras formas que utilizaron ahora podrían considerarse más exageradas, pero en aquel siglo era común. Para explicar el infierno, crearon hornos grandes de adobe donde tiraban todo tipo de animales como perros y gallinas. 

    El segundo propósito fue el intercambio de conocimientos

    Fundaron la primera universidad de la Santa Cruz en Tlatelolco, y escogieron a los indígenas que consideraron más capaces para estudiar las verdades de fe, enseñándoles además sobre lógica, gramática, astronomía y español. 

    La misma lengua indígena náhuatl fue puesta por escrito (antes únicamente se hablaba) y se recopiló la memoria de los abuelos. Así se escribieron homilías en la lengua. La universidad se mantuvo hasta 1580 con el apoyo de los reyes. 

    “Los misioneros veían, como dijo Tertuliano, la semilla de Dios en la cultura de estos pueblos. Por eso los indígenas aceptaron un poco más el evangelio, estaban abiertos a este tipo de novedades evangélicas” explica el sacerdote Ismael Villegas, especialista en Historia de la Iglesia.  

    3Defender sus derechos

      Lo primero que encontraron los misioneros al llegar fueron las heridas de un pueblo en plena transformación. Aunque la reina Isabel la Católica había pedido un trato justo para los indígenas, la distancia dejó una brecha para que autoridades y militares españoles cometieran abusos. 

      Por tanto, los misioneros enseñaron oficios con los que los indígenas podían cobrar y defenderse. Fray Toribio de Benavente  fue un hombre que se dedicó de manera especial a la defensa de los indios.