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Consejo de un Padre del desierto: no conformarse con lo poco

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Kobieta na pustyni

Crédito: SkyMediaPro | Shutterstock

Este Padre del Desierto da un consejo para la vida espiritual: Conformarse con hacer el bien no basta para el alma sedienta de Dios. La enseñanza es radical

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Abba Lot, a quien ya conocemos, visita a otro Padre del desierto, abba José, cuya fama ha llegado hasta él. Según la costumbre, cada uno expone a su hermano su regla de vida, con la esperanza de escuchar unas palabras que le edifiquen y renueven su esfuerzo diario con el consejo dado.

La conversación entre los dos monjes es un famoso apoftegma de los Padres del Desierto. Lot busca la perfección espiritual:

El abad Lot se dirigió a casa del abad José y le dijo:

"Padre, me he impuesto una pequeña regla, acorde con mis fuerzas: un pequeño ayuno; una pequeña oración; una pequeña meditación y un pequeño descanso; y me esfuerzo, en la medida de mis posibilidades, por deshacerme de mis pensamientos; ¿qué más debo hacer?"

Un programa sin brillo

He aquí que el programa de Lot parece poco llamativo. Sin duda para no dar la impresión de estar presumiendo, todo es modesto en la regla de vida que se ha fijado: un pequeño ayuno, una pequeña oración, una pequeña meditación y un pequeño descanso, todo ello "en proporción a sus fuerzas".

Por lo demás, se esfuerza, como todos los monjes, por alejar los pensamientos que abarrotan su mente durante la oración, pero ese esfuerzo, repetido indefinidamente, no parece liberarlo realmente. Entonces le pregunta al Abba José: "¿Qué más debo hacer?". La respuesta de José se resume en su gesto: 

El anciano se levantó y extendió las manos hacia el cielo; entonces, sus dedos se convirtieron en llamas. Le dijo al abad Lot: "Si quieres, puedes convertirte por completo en fuego".

El deseo de tenerlo todo

Lo extraordinario no consiste en añadir un ejercicio más al programa que Lot se ha fijado, sino que reside por completo en ese impulso, esa llamada ardiente, ese deseo de tenerlo «todo» (por decirlo como santa Teresa): "Si lo quieres, puedes convertirte por completo en fuego".

"El deseo del cielo obtiene tanto como espera", afirma por su parte Juan de la Cruz. Dios colma el alma en la medida de sus deseos. Al que se conforma con poco, poco se le dará; pero al que llama obstinadamente a la puerta, esta se le abrirá. 

Tantas veces nos hemos quedado a las puertas, tantas veces nos hemos conformado con cumplir las normas, que el Señor, antes de abrirnos sus tesoros, se asegura de la constancia de nuestro deseo, aviva la sed insaciable que debe habitar en nosotros, mientras nos sentimos tentados a engañarnos con lamentables sustitutos… ¡Y es ahí, justo al final del camino, donde Él vendrá!