Una bicicleta eléctrica, una pequeña pancarta y 24 días por delante. Del 25 de julio al 17 de agosto, Camille, de 24 años, emprendió un viaje siguiendo los pasos de Santa Juana de Arco. Una peregrinación para sumergirse en la espiritualidad de la santa y profundizar su comprensión de la esperanza
Durante 24 días, Camille emprendió una peregrinación siguiendo los pasos de Santa Juana de Arco. Una aventura que la llevó desde Domrémy hasta Rouen, pasando por Vaucouleurs, Tours, Blois y Reims. Ella optó por viajar en bicicleta eléctrica. Un modelo plegable, que además le permitió tomar el tren para llegar a algunas de las paradas más alejadas. "En bicicleta, puedes experimentar la contemplación, tienes libertad de movimiento y puedes recorrer largas distancias", declaró a Aleteia.
Un encuentro con Juana, seis siglos después
El viaje de Camille comenzó el año pasado cuando leyó por primera vez sobre el juicio de Santa Juana de Arco. "Este juicio reveló su santidad y me conmovió profundamente. Para comprender verdaderamente su espiritualidad, necesitaba seguir sus pasos", explica.
Poco a poco, se sumergió en su historia y se interesó por los lugares que habían marcado su vida, hasta que sintió la necesidad de visitarlos personalmente.

Esta terapeuta psicomotora de Burdeos también quiso poner en práctica el lema elegido por el Papa, "Peregrinos de la Esperanza", para el Jubileo de 2025: "Quería hablar de lo que me conmovía a mi alrededor. Todos pueden encontrar un motivo para amar a Juana. Cuando hablo de ella, Juana conecta con la gente, sean católicos o ateos. Su historia es una de entrega a la voluntad de Dios".
En los lugares donde vivió, rezó… y tuvo esperanza
Durante 24 días, Camille recorrió Francia en su bicicleta eléctrica, con una pequeña pancarta sujeta al portaequipajes. En su chaleco amarillo lucía dos lemas: "Juana en bicicleta" por un lado y "Juana al ataque" por el otro. Un guiño sutil que resume a la perfección el reto de esta peregrinación: trasladar una figura del siglo XV a la aventura de una joven del siglo XXI.
En Beaulieu-les-Fontaines, en la región de Oise, Camille se detiene en uno de los primeros lugares donde Juana de Arco estuvo prisionera tras su captura a las afueras de Compiègne en mayo de 1430. Pero en la capilla dedicada a la Doncella de Orleans, otro capítulo de la historia francesa se entrelaza con la suya. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados franceses instalaron allí su comedor. Esta yuxtaposición de épocas conmovió profundamente a la joven. "Al ver esta coincidencia entre la historia de Juana y la de la Segunda Guerra Mundial, lloré mucho; fue magnífico".
En Pont-Saint-Pierre, en el departamento de Eure, le espera otro vestigio del final de la vida de Santa Juana de Arco. La ciudad conserva la cruz que, según se dice, le fue entregada a Juana en su pira funeraria en Rouen el 30 de mayo de 1431. Cabe destacar que la cruz fue trasladada allí en 2020 con motivo del centenario de su canonización. "La vida de Juana está inspirada en la de Cristo", afirma, refiriéndose a su Pasión y a la cruz.

Una peregrinación marcada por la esperanza
A medida que avanzaban los kilómetros, Camille descubrió otra historia: la de su propio país. "Desarrollé una verdadera pasión por la historia de Francia", afirma la joven de 24 años. Pero el principal beneficio de esta peregrinación reside en otro lugar. Dice que profundizó su comprensión de la esperanza. Juana de Arco, según ella, encarna esta esperanza en muchos sentidos. Lleva consigo la esperanza de ver salvado el reino de Francia, pero también la esperanza de la salvación de los ingleses, e incluso la esperanza de su propia salvación. Una dimensión que Camille confiesa no haber comprendido antes de partir: "No me daba cuenta de lo preciosa que era la esperanza de salvación. Necesitamos hablar de ello con los no creyentes".

Más allá de la esperanza, Camille se lleva consigo valiosas lecciones personales. "Santa Juana de Arco me enseñó a ser siempre fiel a mí misma", reflexiona. Este principio tan exigente, explica, se relaciona con otro descubrimiento de la peregrinación: "La verdadera libertad es, ante todo, interior".
"Lo esperaba todo de Dios; sabía que me sorprendería", aclara Camille.
Tras proponerse comprender mejor a Santa Juana de Arco, afirma haber descubierto una nueva perspectiva de su propia vida. Una cosa es segura: "Dios no ha tenido la última palabra".











