¿Te has preguntado qué necesita una persona para tener una buena vida? Harvard responde con un estudio longitudinal que va más allá de la felicidad instantánea
¿Una buena vida es lo mismo que una vida cómoda? Muchas veces nos cuestionamos sobre la forma en que vivimos y cómo podemos alcanzar la plenitud. Sin embargo, muchos confunden esta área con la comodidad. Por ello, Harvard nos invita a cuestionar a través de un estudio realizado acerca de qué rutina estamos llevando a cabo para lograr la vida que deseamos.
Una vida que florece

El Global Flourishing Study comenzó con más de 200 000 personas en 22 países y abordó una concepción mucho más amplia de "florecer ". Si alguien nos preguntara qué necesitamos para vivir bien, probablemente hablaríamos de salud, dinero, una buena familia, trabajo, tranquilidad o felicidad.
Dicho estudio refleja, más bien, la verdadera esencia de la felicidad: salud, propósito, carácter, virtud, relaciones y estabilidad económica. De este modo, cambia la pregunta de "¿cómo puedo ser feliz?" a "¿qué necesita una persona para florecer?".
Las seis dimensiones de una buena vida
Harvard señala que existen pilares fundamentales para llevar una buena vida y explica aspectos como
- Felicidad y satisfacción con la vida.
- Salud física y mental.
- Sentido y propósito.
- Carácter y virtud.
- Relaciones cercanas.
- Estabilidad económica y material.
¿Ser o tener?
Tener más no equivale necesariamente a florecer más. Hemos aprendido a medir el progreso de una sociedad y de una persona por lo que posee, pero ¿y si también tuviéramos que medirlo por cómo vive su gente?
El psicoanalista Erich Fromm explicó que vivimos en una sociedad que nos valora según cuánto producimos: si no eres un individuo lo suficientemente productivo, tu valor cae. Sin embargo, el autor señala que la productividad no significa crear el mayor número de cosas en el menor tiempo posible, ni depende de cuánto talento o virtudes posee la persona.
Destaca que la productividad va más allá de solo obtener logros inmediatos; tiene que ver con lo que no se ve: nuestra historia, nuestros pensamientos, la reacción ante cualquier dilema y la toma de decisiones. Se trata, más bien, de un proceso de "ser".
Tener más no equivale a florecer más

El estudio longitudinal cobra sentido al explicar que las adquisiciones materiales no determinan la felicidad que una persona puede alcanzar a medida que florece. Alguien puede tener dinero, entretenimiento, comodidad y salud, y aun así preguntarse: "¿para qué estoy viviendo?". Viktor Frankl, pionero en logoterapia, profundizó en el sentido que le damos a la vida:
"El hombre no necesita realmente vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta o una misión que valga la pena".
Esto quiere decir que uno puede afrontar retos en la vida y aun así alcanzar la verdadera plenitud, yendo más allá de lo material y de la conformidad. Por lo tanto, debemos priorizar los vínculos y momentos con aquellos a quienes amamos, pues aunque no se ven, nos dan vitalidad y nos hacen vivir mejor.
Cambio de perspectiva
Tal vez la pregunta más importante para nuestra vida no sea cuánto tenemos, cuánto conseguimos o incluso cuánto disfrutamos. Tal vez sea algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más difícil: ¿en qué clase de persona me estoy convirtiendo?












