El milagro que dio lugar a la beatificación del patriarca maronita Elías Hoyek consistió en un milagro: la curación de un hombre musulmán.
Cuando la Iglesia católica beatifica o canoniza a un hombre o una mujer santa, normalmente se requiere un milagro comprobado que se atribuya a la intercesión de esa persona.
Por lo general, el milagro está relacionado con un cristiano que reza por la curación a través de la intercesión de esa persona. Dios es quien concede la curación, pero el santo o el beato es quien intercede.
El 25 de julio fue beatificado en el Líbano un antiguo patriarca maronita, Elias Hoyek. Vivió a principios del siglo XX y se le conoce como el "Padre del Gran Líbano", por su papel en la consecución de la independencia del Líbano tras la Primera Guerra Mundial.
Era muy apreciado por su santidad y sigue siendo un ejemplo brillante en el Líbano.
La curación de un hombre musulmán
Lo que hace único este proceso de beatificación es que el milagro reconocido está relacionado con la curación de un hombre musulmán.
El Dicasterio para las Causas de los Santos explica lo sucedido:
"El milagro corresponde a la curación de un musulmán de etnia drusa, nacido en Hasbaya (Líbano); casado, padre de tres hijos y oficial del ejército libanés.
En 2005, el hombre padecía un intenso dolor de espalda y en la columna vertebral. Este dolor se agravó considerablemente tras una caída desde una altura de unos cinco metros, lo que le obligó a guardar reposo absoluto. Una tomografía computarizada diagnosticó «espondilólisis bilateral», diagnóstico que confirmó el carácter crónico de la enfermedad. La gravedad de esta afección se mantuvo estable hasta que, una mañana de abril de 2005, el hombre se despertó sin ningún dolor y pudo moverse con normalidad. Atribuye este hecho a haber soñado con un hombre vestido de blanco y con un bastón en la mano, identificado posteriormente como el patriarca Hoyek. El hombre sanado afirmó que nunca antes había conocido ni oído hablar del Beato. La recuperación fue de tal magnitud que reanudó su actividad habitual".
El hombre musulmán atribuyó la curación al patriarca Hoyek y esta se consideró milagrosa, sin que hubiera ningún razonamiento científico que la respaldara.
Sin petición previa explícita
El Dicasterio explica además: "La certeza moral de la intercesión del patriarca Hoyek puede deducirse de los elementos objetivos del caso (la curación en sí misma y la coincidencia de los detalles del sueño con la realidad), recordando también las intervenciones de Dios en los sueños —tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento— y los milagros de Jesús, en los que no hay una petición previa explícita".
Dios es capaz de curar milagrosamente a cualquier persona, tal y como lo hizo en repetidas ocasiones en la Biblia y sigue haciendo hasta el día de hoy.
El milagro atribuido a las oraciones de san Daniel Comboni también tuvo como protagonista a una persona de fe musulmana. Tal y como se explica aquí, el milagro fue reconocido el 20 de diciembre de 2003: se trató de la curación de una madre musulmana de Sudán.












