Ir al contenido principal

¿Seguir apostando por la democracia? La participación civil de los cristianos

4 min de lectura
élections

Crédito: Shutterstock

Aunque la opinión pública sobre la democracia es cada vez más negativa, ¿qué perdemos cuando perdemos la democracia? ¿Cómo afecta esto a los cristianos?

Compartir en :

El aprecio a la democracia ha venido cayendo en América Latina. Según datos de Latinobarómetro, mientras en 2010 un 63% de los ciudadanos consideraron la democracia preferible a cualquier otra forma de gobierno, en 2024 solo 52% respondieron del mismo modo. 

La decepción y la desconfianza están perfectamente justificadas. Los líderes políticos llegan al poder por la democracia para después deconstruirla. 

En 2024, Venezuela unificó su apoyo a la oposición en las elecciones del 28 de julio tras veinticinco años de dictadura, pero sus votos no fueron reconocidos y aún esperan cambios. 

En 2025, el Poder Judicial de México —uno de los organismos que funciona como contrapeso al poder— se sometió a votación ciudadana por primera vez. Sin embargo, fueron de lo más inentendibles con el fin de ser manipuladas.

Nicaragua también posee una historia difícil de resumir, pero basta señalar que el pasado 19 de julio el presidente Daniel Ortega anunció que en el país “no volverá a haber elecciones”. 

Sin embargo, aun en medio de estas crisis, el poder no logra matar las democracias del todo. Latinobarómetro analiza que la etapa del pesimismo económico pospandemia da sus últimos suspiros, generando una presión de expectativas sobre los gobiernos. 

A la luz de los valores cristianos, estos asuntos no pueden ser resueltos desde un lente únicamente partidista. La doctrina social de la Iglesia enseña: en el centro y por encima de todo se encuentra la dignidad humana; y reconoce que la democracia es el modelo que más la favorece. 

¿Qué perdemos cuando perdemos la democracia?

“En el punto en que estamos podría decir: 'Ya perdí la fe y la esperanza', pero después de formarme mucho, entendí que sin la democracia no se puede hacer nada”, señala Alessa García, laica mexicana y presidenta de la Comisión para el Desarrollo Democrático de su ciudad. 

Sin democracia no se puede salir a la calle a manifestarte o alzar la voz.

Sin democracia te pueden inculpar por algo que no hiciste y no tendrás  un juez que te defienda.

Sin democracia no podríamos elegir a otras personas, en el futuro, con otras propuestas. 

A pesar de las fracturas, México conserva organismos de participación. “Si guardamos silencio, es donde el mal entra”, añade. 

Conocer, exigir, participar

“Aprender de las estructuras de gobierno no es asunto exclusivo de abogados; todos las deberíamos conocer porque somos ciudadanos, vivimos en un país y tenemos derechos. Si no los conocemos ¿cómo los vamos a defender? ¿cómo vamos a defender a otras personas que tampoco los conocen?”

1Identifica el modelo de tu gobierno

México, por ejemplo, es una república representativa, es decir, los ciudadanos no crean ni votan las leyes, sino que eligen a representantes que lo hagan

2Conoce cómo y dónde exigir

“Cuando te acercas a la autoridad sin saber, te van a decir 'A mí no me compete', entonces, para no perder tiempo, consulta a dónde acudir antes”, recomienda Alessa. 

Las quejas y denuncias ciudadanas se pueden hacer de diversas maneras, algunas incluso a través de Internet. Depende de dos factores principales: la naturaleza del asunto (servicios, delitos, derechos humanos, corrupción), y las responsabilidades territoriales (municipal, estatal o federal-nacional). 

Al principio puede ser confuso, pero es necesario. 

3Participa

“Es válido sentir desmotivación y pensar ¿para qué si siempre es lo mismo? Pero si nos quedamos ahí tampoco habrá  un cambio, ningún gobierno puede contra todos los ciudadanos. 

El próximo año habrá elecciones, desde ahorita tenemos que empezar a informarnos qué cargos se van a elegir, hay nuevos partidos. El Instituto Nacional Electoral  ofrece simulacros en escuelas y espacios públicos, asistir también es participar” señala.