Cuando la tormenta nos hace dudar, ¿dónde ponemos la mirada?. Pedro nos recuerda que la fe no elimina las dificultades, pero nos permite atravesarlas sin dejar de mirar a Jesús
Hay momentos en los que rezamos y parece que el Señor no responde. Pedimos por la salud de alguien que amamos, por un problema familiar, por una situación que nos preocupa o por una necesidad que ya no sabemos cómo resolver. Insistimos, volvemos a orar y, sin embargo, el silencio permanece.
El Evangelio de este domingo nos presenta a una mujer que sabe lo que significa pedir y no recibir inmediatamente una respuesta. Es una mujer cananea, extranjera, que se acerca a Jesús para suplicarle por su hija. Y aunque al principio parece que su petición no encuentra respuesta, ella no se marcha.












