Agosto es el mes de las vacaciones, en el que podemos dedicarnos al descanso; pero también el mes de los grandes santos a quienes podemos pedir su ayuda.
Cada mes, la Iglesia nos presenta a personas concretas, de carne y hueso, que lucharon contra sus propias debilidades y, a pesar de ello, siguieron a Cristo hasta el final. El mes de agosto es especialmente rico en este sentido. He aquí algunos santos patronos a los que merece la pena conocer más de cerca y a quienes puedes confiar tus asuntos a su ayuda.
1San Juan María Vianney (4 de agosto)
Un chico sencillo del campo, que terminó el seminario con dificultad, san Juan María Vianney se convirtió en uno de los pastores más destacados de la historia de la Iglesia. Como párroco de Ars, pasaba hasta más de una docena de horas al día en el confesionario, atendiendo a personas que acudían de toda Francia. Su paciencia con los penitentes era tan grande que se convirtió en el mayor ejemplo para muchos sacerdotes.
A los fieles que le piden su intercesión les une un mismo deseo: sacerdotes buenos y santos, y confesiones sinceras. También le reza quien sueña con la renovación de su parroquia.
¿Qué podemos aprender de él? Que la paciencia hacia el prójimo puede ser un testimonio de fe mayor que el sermón más hermoso.

2Santo Domingo (8 de agosto)
El fundador de la Orden de los Predicadores (dominicos) dedicó su vida a la oración y a la predicación del Evangelio en una época en la que la verdad de la fe se ponía en duda de muchas maneras. No temía ir donde las cosas se ponían difíciles ni hablar con quienes pensaban de forma diferente. La Orden que creó sigue formando, hasta el día de hoy, a teólogos y predicadores en todo el mundo.
A él acuden los predicadores y las personas que buscan la verdad en medio de una maraña de opiniones contradictorias.
Santo Domingo nos enseña a tener valor para hablar de la fe, sin agresividad, pero tampoco con vergüenza.
3Santa Teresa Benedicta de la Cruz – Edith Stein (9 de agosto)
Esta destacada filósofa, discípula de Edmund Husserl, recorrió un camino que la llevó del ateísmo al judaísmo, al catolicismo y, posteriormente, al convento de las Carmelitas. Murió en Auschwitz como judía y católica. Su vida demuestra que la honestidad intelectual puede conducir al ser humano directamente a Cristo.
Como patrona de Europa, a santa Edith Stein se le confían los asuntos de todo el continente, pero también los de los hombres y mujeres de ciencia y de todos aquellos que buscan el sentido de su vida.
Nos enseña que buscar la verdad hasta el final, sin concesiones, siempre merece la pena.
4San Lorenzo (10 de agosto)
Diácono romano que vivió en el siglo III, san Lorenzo fue encargado de los bienes de la Iglesia y de la ayuda a los pobres. Cuando los funcionarios le exigieron que les entregara los tesoros de la Iglesia, les presentó a mendigos, viudas y enfermos, diciendo que ellos eran el verdadero tesoro. Pagó con su vida por esa valentía.
Quienes desean pedir valor y generosidad hacia los necesitados recurren a su intercesión.
Nos recuerda que el valor de una persona no se mide por lo que posee, sino por a quién se sirve.

5 Santa Clara de Asís (11 de agosto)
Colaboradora de san Francisco y fundadora de las clarisas, santa Clara eligió una vida de pobreza absoluta, a pesar de proceder de una familia acomodada. Su convento de Asís se convirtió en un lugar de sencillez y oración profunda. Mantuvo la serenidad hasta el final de su vida, a pesar de la enfermedad y de numerosas dificultades.
Los fieles le piden paz interior, buen discernimiento y una vida más cercana a Dios, lejos del ajetreo innecesario.
Nos enseña que menos puede significar realmente más, también hoy, en un mundo de exceso.
6San Maximiliano María Kolbe (14 de agosto)
Franciscano, editor, misionero y, en Auschwitz, preso que entregó voluntariamente su vida por un compañero de prisión, padre de familia. A lo largo de toda su vida difundió la devoción a la Inmaculada y creyó en el poder de María como Aquella que conduce a Cristo. Su decisión en el bloque de hambre del campo sigue siendo uno de los testimonios de amor más poderosos del siglo XX.
A san Maximiliano María Kolbe se le invoca por su valentía, su fidelidad a la vocación y su disposición al amor abnegado hacia los seres queridos.
Demuestra que el amor concreto, dispuesto a todo, es más fuerte que la muerte.

7San Bernardo de Claraval (20 de agosto)
Abad y doctor de la Iglesia, san Bernardo de Claraval fue el gran reformador de la vida monástica en la Europa medieval. Escribió hermosos textos sobre María, llenos de ternura y profundidad teológica a la vez. Es difícil sobrevalorar su influencia en la espiritualidad cisterciense y en toda la espiritualidad occidental.
A él recurren quienes piden sabiduría, buen discernimiento y una vida espiritual más profunda.
Nos enseña que es posible unir el intelecto con el corazón, la teología con una oración llena de ternura.

8Santa Mónica y San Agustín (27-28 de agosto)
Conmemoramos su memoria día tras día y resulta difícil hablar de ellos por separado. Mónica rezó durante años por la conversión de su hijo, que llevaba una vida alejada de la fe. Agustín se convirtió, llegó a ser obispo y uno de los más grandes pensadores del cristianismo, y describió su camino en las «Confesiones».
Es una historia que da esperanza a todo aquel que reza durante años sin resultados visibles. Son los patronos especiales de los padres que rezan por sus hijos y de las personas que confían a Dios la conversión de sus seres queridos.
Sus historias demuestran que ninguna oración, ni siquiera la que dura décadas, es en vano.

Elige a tu patrón
Los santos no sustituyen a Cristo. Nos guían hacia Él —cada uno por su propio camino, a su ritmo, a través de sus debilidades y fortalezas—. Además, nos muestran algo importante: cualquier estado de vida, cualquier vocación, puede convertirse en un camino hacia la santidad.
En agosto, merece la pena elegir a uno de estos patronos y confiarle nuestra intención durante unos minutos al día.















