Aunque por lo general se esperan con ansias, las vacaciones de verano también pueden ser motivo de inquietud para algunas parejas. Expectativas diferentes, cansancio acumulado, distanciamiento silencioso… ¿Cómo convertir este período en una oportunidad para volver a acercarse?
"Me dan un poco de miedo las vacaciones. Maxime ha trabajado como loco todo el año, hemos llevado nuestras vidas un poco por separado, siento que casi no lo he visto; vamos a tener que readaptarnos el uno al otro y sé que no va a ser fácil", confiesa Ségolène, de 45 años, casada desde hace unos quince años y madre de tres hijos. Su esposo dirige una pequeña y mediana empresa en la industria agroalimentaria y ella es maestra de primaria en el norte del país.
¿Miedo a las vacaciones en pareja?

Muchas parejas comparten esta inquietud. "A medida que se acercan las vacaciones de verano, al igual que cuando se acerca la Navidad, hay un aumento en las solicitudes de citas", señala Marie Binet, consejera matrimonial y sexóloga.
La pareja sabe que va a pasar varios días junta, sin las distracciones del trabajo o de la rutina diaria. "Las parejas más estresadas por las vacaciones de verano suelen ser aquellas que no están bien", observa la consejera. Estar uno frente al otro en todas las comidas, ponerse de acuerdo sobre las actividades que harán juntos, dar una buena imagen ante los hijos… Un calvario para las parejas cuya relación se ha enfriado con el tiempo.
Expectativas que a menudo difieren
"Las vacaciones de verano suelen revelar las expectativas de cada uno. Llevan a las parejas a enfrentarse a preguntas como: ¿Qué ritmo seguir? ¿Qué buscamos durante estas semanas? ¿Qué prioridades nos fijamos? ¿Queremos viajar en familia, con amigos o estar solos los dos? ¿Cuánto tiempo pasaremos con la familia política?" Cuando los cónyuges no tienen las mismas expectativas, esto puede generar tensiones más o menos intensas.
La clave para unas vacaciones exitosas radica, ante todo, en la planificación previa. Esto requiere tiempo y, a veces, negociaciones, para llegar a una situación en la que se escuchen las necesidades de cada uno. "Si no hay planificación previa ni diálogo, se corre el riesgo de pasar las vacaciones discutiendo porque uno de los cónyuges está decepcionado o frustrado", advierte la consejera.
El secreto, por lo tanto, está en buscar "lo que será bueno y beneficioso para todos", subraya Marie Binet. Esto implica responder a las preguntas: "¿Qué esperas de las vacaciones? ¿Cuáles son tus necesidades? ¿Tus deseos?", y encontrar una solución en la que todos salgan ganando.
Al menos tres días en pareja

Sea cual sea el estado de la relación, la mejor manera de reconectarse después de un año que a veces puede ser muy ajetreado es tomarse un tiempo, al menos tres días según Marie Binet, para estar juntos como pareja. "Muchas parejas se saltan este tiempo en pareja al organizar sus vacaciones", lamenta la asesora, para quien este momento es esencial. "Dejen a los niños con los abuelos o con amigos, y salgan los dos solos, fuera de casa, lejos de las preocupaciones del día a día", exhorta Marie Binet.
Eso mismo aconsejaba también el padre François Potez, sacerdote de la diócesis de París fallecido el 20 de mayo, quien acompañaba a un gran número de parejas en su camino hacia el matrimonio. "¡Si no hacen un viaje de bodas anual, se pierde la garantía!", aseguraba. ¿El objetivo? Mantener la fidelidad y hacer crecer el amor mutuo. "Vayan por lo menos tres días y tres noches. Un día para callarse y descansar, un día para hablar, un día para callarse de nuevo y amarse", aconsejaba.
Para Marie Binet, es un momento especial que "le da un nuevo aire a la pareja" y que "da seguridad a los cónyuges en la relación": irse los dos juntos transmite el mensaje "es contigo con quien quiero disfrutar de estos días de vacaciones". También es la oportunidad de hacer un balance del año que pasó y compartir planes para el año que viene. Sin esta cita anual, existe el riesgo de distanciarse el uno del otro.












