San Ignacio de Loyola nos dejó el libro de los Ejercicios Espirituales para entender más sobre la vida de Cristo y conocer más sobre el llamado que tiene para nosotros
¿Cuántas veces hemos querido conocer más a Cristo, pero no sabemos por dónde empezar? Muchas veces pensamos que basta con abrir la Biblia de forma aleatoria, pero la realidad es que a menudo nos falta un método. Tras su conversión, fruto de su propia experiencia de oración y de la gracia divina, san Ignacio de Loyola escribió los Ejercicios Espirituales: una guía práctica para aprender a buscar y hallar la voluntad de Dios en la vida cotidiana.
Este libro está estructurado en cuatro semanas o etapas. Y en esta ocasión nos centraremos en la Segunda Semana, en la cual se nos introduce a la contemplación activa de la vida de Jesús y nos hace preguntarnos: ¿a qué estado de vida o misión nos llama Dios?
Parábola preparatoria: el rey temporal
Antes de adentrarnos a los pasajes del Evangelio, San Ignacio nos invita a meditar en la parábola del Rey Temporal: la figura de un líder humano justo que nos prepara para ingresar al corazón de la misión divina. Esta reflexión inicial es crucial porque nos mueve de una actitud de espectadores a una postura activa de contemplación.
En esta meditación, se nos presenta a un líder respetado que convoca a su pueblo a una noble causa. Su propuesta no nace desde la imposición, sino desde la solidaridad y la libertad de cada uno:
"Quien quisiere venir conmigo ha de estar contento de comer como yo, y así de beber y vestir... asimismo ha de trabajar conmigo en el día y vigilar en la noche" (EE [93]).
Si ya resultaría un honor acompañar a un rey justo en la vida terrena, ¿cuánto más lo será acompañar a Jesús, el Rey Eterno? Sin embargo, su conquista es de una naturaleza distinta: no busca apoderarse de territorios, sino vencer al egoísmo, la injusticia y las tentaciones del mundo para conducirnos a la gloria del Padre.
Es precisamente a través de esta primera mirada que podemos romper nuestra sordera espiritual, aprender a trabajar con Él y ofrecer nuestra propia persona para vivir conforme a la Voluntad de Dios.
Contemplar la vida de Cristo
Antes de iniciar cada contemplación, San Ignacio nos invita a disponer el corazón mediante la oración preparatoria, pidiendo que todas nuestras intenciones, acciones y decisiones se ordenen únicamente al servicio de Dios. A partir de allí, nos adentramos progresivamente en los pasajes clave del Evangelio:
La Encarnación(Lucas 1, 26-38)
Desde la perspectiva de la Santísima Trinidad, se contempla el dolor y la dureza del corazón humano. Ante esta realidad, Dios decide entregarse en un acto infinito de amor.
El Nacimiento de Jesús(Lucas 2, 1-20)
Contemplamos la sencillez y la humildad de la Sagrada Familia. Vemos como el Salvador decide nacer en la pobreza de un pesebre.
Presentación y la Huida a Egipto(Lucas 2, 22-40 y Mateo 2, 13-23)
Comprendemos que no estamos exentos de las dificultades o persecuciones de la vida. Sin embargo, aprendemos a mantenernos firmes en el camino de Dios.
Vida en Nazaret y el Niño Perdido en el Templo (Lucas 2, 41-52)
Observamos la cotidianidad de Jesús en su hogar y, al mismo tiempo, su primera vez en el Templo para ocuparse de las cosas de su Padre.
Meditaciones Clave de Discernimiento(Mateo 4, 1-11 y Mateo 6, 19-24)
En medio de los pasajes evangélicos, Ignacio propone una pausa para confrontar dos estilos de vida: uno superficial que se rige por el egoísmo y las ilusiones del mundo, y otro cimentado en el ejemplo de Cristo (pobreza espiritual y humildad). El objetivo es alcanzar la libertad interior para vivir sin apegos desordenados.

El Bautismo en el Jordán (Mateo 3, 13-17)
Cristo asume públicamente su misión. A través de su Bautismo, se nos recuerda que Él es la verdadera luz y el camino que estamos llamados a seguir.
El Desierto y la Vida Pública(véase citas)
San Ignacio nos invita a recorrer estos momentos de la vida pública de Jesús como enseñanzas visibles de lo que Dios desea para nuestra vida:
- Desierto: Mateo 4, 1-11 (Ayuno y tentaciones).
- Llamado de los primeros discípulos: Juan 1, 35-51 (Seguimiento de Andrés, Pedro y Felipe).
- El Sermón del Monte: Mateo 5, 1-12 (Las Bienaventuranzas).
- Jesús camina sobre las aguas: Mateo 14, 22-33 (Fe en medio de la tormenta).
- Predicación en el Templo: Lucas 19, 47-48 / Juan 7, 14-29.
- La Resurrección de Lázaro: Juan 11, 1-44 (Señor de la vida).
- Domingo de Ramos: Mateo 21, 1-11 (Entrada triunfal en Jerusalén).
Para cerrar cada momento de oración, san Ignacio sugiere realizar una “aplicación de sentidos”: ver a las personas con la mirada de la imaginación, oír sus palabras y diálogos, oler y gustar la suavidad y dulzura de la divinidad y sus virtudes y tocar y abrazar interiormente los lugares que Cristo pisó.
Una experiencia viva y transformadora del corazón
Contemplar la vida de Cristo es una hermosa forma de conocerlo y crecer en la fe. San Ignacio nos presenta estos pasajes de reflexión para alcanzar la santidad a través de su ejemplo, dejando atrás actitudes egoístas que solo nos hacen caer en tentación. Al final, la contemplación ignaciana nos devuelve a aquella oración de san Agustín:
"Noverim te, noverim me"
("Señor, que te conozca a ti, para que me conozca a mí mismo").













