San Alfonso María de Ligorio dedicó buena parte de su vida a acompañar a las personas en el camino de la conciencia. Su enseñanza puede ayudar a distinguir entre el deseo sincero de hacer el bien y una preocupación que termina robándonos la paz.
Hay personas que se preocupan poco por saber si sus acciones son buenas o malas. Pero también existen quienes viven en el extremo contrario de la conciencia: revisan una y otra vez sus decisiones, dudan de sus confesiones, temen haber pecado sin darse cuenta y sienten que nunca han hecho lo suficiente para estar en paz con Dios.
Entre una conciencia indiferente y una conciencia atormentada existe un camino de equilibrio. La Iglesia invita a formar una conciencia recta y bien formada, capaz de reconocer el bien y rechazar el mal. Pero ¿qué ocurre cuando esa sensibilidad se convierte en miedo constante? ¿Cómo saber si estamos ante una conciencia delicada o ante la escrupulosidad? San Alfonso María de Ligorio tiene la respuesta.












