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El gran remedio a la indiferencia universal de este santo

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Crédito: Aleteia

San Pedro Julián Eymard era consciente de que existía una indiferencia universal, por eso propuso un gran remedio que sirve para solucionar todos los problemas.

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Los santos viven lo que predican porque han comprendido que solo Dios puede solucionar todos los problemas existenciales. Uno de ellos fue san Pedro Julián Eymard, que propuso el remedio definitivo para la indiferencia universal.

Salud débil y espíritu fuerte

Pedro Julián nació La Mure d'Isère, diócesis de Grenoble, el 4 de febrero de 1811. Sus padres tuvieron diez hijos, ocho de los cuales murieron siendo niños. También la salud de Pedro era débil, pero su devoción al Santísimo Sacramento siempre acompañó su crecimiento espiritual, que poco a poco maduró su deseo de ser sacerdote.

Esta idea dio fruto a los 20 años, cuando, a pesar de la oposición de su padre, ingresó al seminario. Recibió la ordenación en 1834 y trabajó como sacerdote diocesano hasta que en 1839 ingresó a la recién formada Congregación de Padre Maristas en Lyon.

Su fragilidad física se compensó ampliamente por la enorme atracción que desarrolló por la contemplación del amor de Dios, a quien reconocía “escondido especialmente en la Eucaristía”, por eso siempre defendió y fomentó la adoración eucarística y la participación frecuente en la santa Misa.

Los males del mundo

El padre Pedro vivió en el siglo XIX, sin embargo se enfrentó a la realidad de aquella época - que, sorprendentemente, se parece mucho a la nuestra - . Leemos en la biografía del sitio Vatican News este pensamiento del santo:

"La adoración al Santísimo Sacramento expuesto es necesaria para despertar la fe adormentada de muchos hombres de bien. (...) La sociedad muere porque ya no tiene un centro de verdad y caridad, ya no tiene vida familiar. Todo el mundo se aísla, se concentra en sí mismo, quiere ser autosuficiente; la disolución es inminente. Pero la sociedad - escribe el padre Pedro Julián - renacerá lleno de vigor cuando todos sus miembros vengan y se reúnan alrededor de nuestro Emanuel".

El remedio: la Eucaristía

Por eso, propuso:

"Siempre he reflexionado sobre los remedios de la indiferencia universal que se apodera de tantos hombres, y solo encuentro uno: la Eucaristía, el amor a Jesús Eucarístico. La pérdida de la fe proviene de la pérdida del amor". 

El papa san Juan XXIII dijo de él en la homilía de su canonización, el 9 de diciembre de 1962:

El niño de cinco años, que se encuentra sobre el altar, reclinando su cabeza en la puerta del sagrario, es el mismo que fundará con el tiempo la Sociedad de los Sacerdotes del Santísimo Sacramento y las Esclavas del Santísimo Sacramento, irradiando en innumerables escuadras de sacerdotes adoradores su amor y su cariño a Cristo, vivo en la Eucaristía. 

Apliquemos el mismo remedio a nuestra vida para que Dios nos ayude a entender que todas las dificultades tienen solución si las ponemos en sus manos.